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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2007.
El inicio de los 90 fue un tanto injusto para muchas bandas venidas del otro lado del charco, Oasis y Blur, su guerra mediática y sus sonidos de brit-pop prácticamente acaparaban los oídos y ganaban fans de todas las partes del globo. Tuvieron que llegar los finales de los 90 para que emergieran, de las sombras de esta especie de superbandas, imágenes y sonidos de grupos inmerecidamente olvidados. The Verve es una de ellas, quienes a pesar de haber dado sus primeros pasos antes que los abrumadores Oasis mantenían un perfil bajo debido a sus experimentaciones psicodélicas y sonidos raros de sus dos primeros discos. Urban Hymns (1997), tercer disco, pico alto por donde se lo mire y escuche, compositiva, sonora y comercialmente, siendo en si uno de los mejores discos de la etapa dorada del britpop. Con las drogas y demás adicciones como musas principales, Urban Hymns es el disco perfecto en la corta pero esencial carrera de The Verve con joyas como Space and Time, The Rolling People, The Drugs Don’t Work, Lucky Man, Come on o This time. Bitter sweet symphony, primer track del disco, canción escrita por Richard Ashcroft pero en la actualidad acreditada también a Jagger y Richards debido al uso de un riff similar a The last time (Audio) de los Rolling Stones. Basada en magníficos arreglos orquestales, la melodiosa canción les hizo probar el éxito comercial, pero que de ningún modo viene siendo lo mejor del disco. Traducción difícil y torpe, por la complejidad de una letra que no parece decir nada y que nos hipnotiza con la pegajosa tonada basada en cuerdas y que mas de una decena de comerciales nos obligan a recordarla de tanto en tanto o bien la asociamos a la imagen de Sarah Michell Gellar cuando nos mostró que no solo era una cazavampiros. El video es una joya (La mayor parte del video muestra a Richard Ashcroft caminando por una calle de Londres, sin detenerse frente a nadie y, chocando así, a toda persona que se atraviesa en su camino. Tampoco se detiene frente a los automóviles, al punto que trepa a uno de ellos para continuar su camino.), quizás es la forma las fácil de entender la canción: la imagen de Richard Ashcroft, su eterno escuálido semblante, su aspecto desgarbado, su mirada lánguida, su casaca de cuero y su paseo triunfal por un video en la que se ensimisma y parece no haber un mundo después de el, buscando quizás su redención. Irremediablemente me he vuelto a encontrar con esta melodía, ahora con una sensación de auto identificación que se asocia a una búsqueda personal que recién empieza, la sinfonía es mas mía y sin querer me he dado cuenta que aquel paseo de Ashcroft en aquel videito es mas bien real desde mi perspectiva, ya que mirándolo con una distancia cercana me doy cuenta que voy buscando respuestas y aquel final triunfal, mientras ahora vivo "enmimismado" andando en un espacio que no pasa de mi. En Audio: The Verve - Bitter Sweet Symphony. The Verve: Bitter Sweet Symphony - Sinfonía agridulce Porque es una sinfonía agridulce, esta vida No existe el cambio pero puedo cambiar Bien, nunca rezo No existe el cambio pero puedo cambiar Porque es una sinfonía agridulce, esta vida Sabes que puedo cambiar, puedo cambiar No puedo desligarme del pasado Te llevaré por el único camino donde nunca he estado prisionero Bolivia cayó con la Argentina. Fueron tres, pudieron ser mil. Argentina hizo lo suyo, perdidos en campo lunar llena de cráteres cuando generalmente sus ídolos juegan en mesitas de billar que ayudan a crearse jugadas de magos adelantados a su tiempo. La crónica de una goleada anunciada fue falsa, la goleada “esperada” por el hincha boliviano se quedo en tres porque Argentina tiene la virtud de la compasión, ante el ser suplicante que ruega piedad. El hecho de que al día siguiente los titulares anunciaran una "derrota digna" no hace más que alentar el espíritu derrotero de un equipo del que ya muy poco o nada se puede esperar. Llego Venezuela, quizás con el miedo aun de aquel siete a cero en propia casa hace diez años atrás, porque hay que decirlo, Venezuela no le teme ni a Argentina ni a Brasil cuando juega de local, le teme a Bolivia porque fue la selección verde quien le enseño la humillación en casa propia. Talvez por eso que Venezuela le guardo excesivo respeto a Bolivia, incapaces de empezar ganando por respeto, Venezuela dejo que Bolivia ganara tres veces para después golearla sin mas remedio. Para la selección Vinotinto y para cualquier equipo, incluso uno de barrio, jamás debió ser tan fácil convertir goles y hasta pareciera que tenían todo fríamente calculado o bien la Boliviana tenia todo fríamente calculado, porque ya lo decía Galeano recordando a Bolivia en el mundial del 94: “Y entonces Bolivia se desmorono, arrepentida de haber pecado contra el destino que la obliga a perder, como si obedeciera a quien sabe que maldición venida del fondo de los siglos.” Aquella maldición que el jugador la toma para si y parece ser el canon que los obliga a regalar los partidos. Hace pocos días Roncagliolo reivindicaba rabiosamente lo que es perder en el fútbol y en un sentido irónico decía: “Lo difícil, el verdadero reto, es perder constantemente y sin distraerse, mostrar una convicción indestructible, inconmovible y fanática por la derrota. Eso es mi Perú.” Y poniéndonos como ejemplo de victorias posibles nos recordaba aquellas eliminatorias al mundial del 94 y la victoria de Bolivia frente a Brasil por 2 – 0 y manteniendo siempre el tono irónico terminaba la breve introducción diciendo: “Ecuador y Bolivia, pobres, no saben lo que quieren. Ilusionados por las batallitas ganadas, pierden la oportunidad de convertirse, como Perú, en un baluarte, un símbolo, un icono de la catástrofe deportiva. Pero allá ellos. La historia los juzgará.” Pero Roncagliolo no contaba con que aquella provocación recibiera cobijo en nuestra amada selección Boliviana, la que ahora y desde ya pocos años atrás ha encontrado en la derrota un regocijo absurdo, porque ya no solo nos gusta perder, ahora también nos gusta sufrir y disfrutarlo, que no sea raro entonces disfrutar el tres a cero con la Argentina (porque pudo haber sido mas) y mucho mas aun la derrota con Venezuela en la que gritamos tres veces victoriosos (recordándonos como es que se grita golllll!!!), solo para saber como es que te empaten y luego te ganen, un poema al masoquismo. Hay uno en el espacio de doce y en el alma un dolor incontable. |
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