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Borrando la navidad

Borrando la navidad Quien propusiera la peregrina iniciativa de suprimir la Navidad, fracasaría. Los primeros que le crucificarían para silenciarle serían los comerciantes, tanto católicos, evangelistas, luteranos, como los judíos, musulmanes, sintoistas, budistas o increyentes. ¡Magnífica prueba de comunión ecuménica!
Se sumarían afanosos a los fabricantes de juguetes y de golosinas. Y los transportes que perderían millones por los pasajes de los familiares que se reúnen en estas fiestas. Y el correo, transportador de tarjetas, unas entrañables, otras repelentemente mercantiles. Por último, los gastrónomos y sibaritas, por razones que no necesitan explicación.
Podría desterrarse la Nochebuena de los belenes con figuritas del Niño, la Virgen, San José, el ángel, la estrella, la mula y el buey, los pastores, los reyes magos y, de paso, un camión o una máquina de tren, extemporáneos.
Los recuerdos bíblicos ya son en parte suplantados por un señor gordo vestido de rojo, con barbas de algodón de farmacia, que convoca a los papás a derrochar sin medida. Y todavía más crudo y actual: después del besito a la abuelita, las noches perturbadas, más que animada por conjuntos de “rap”, vestidos de negro funerario, con una cantante que, a falta de aterciopelada voz, gimotea, ronca y, además, es contorsionista.
¿Recordarían mañana estas ramplonas escenas los niños de hoy, privados de la terneza de los villancicos cantados frente al pesebre? Ya que es la ocasión, vaya un romance popular que en mi infancia aprendí y con los años no olvidé: “La Virgen se está peinando / debajo de una palmera; / los peines eran de plata, / la cinta de primaveras / ... ¿Cómo queréis que yo cante, / solita y en tierra ajena, / si un hijo que yo tenía, / más blanco que una azucena, / me lo están crucificando / en una cruz de madera?”.
Si por una disposición dictatorial se suprimiera la celebración navideña no llegaría a borrar del mundo la huella de la primera Navidad, la de Belén de Judá, la que marcha el día primero de nuestra era, cuando se consumó el hecho más trascendental y portentoso de la historia, el nacimiento del hijo de Dios, hecho amable y tierna criaturita, nacida de una virgen, entre las cálidas pajas de un pesebre, para ser ejemplo de humildad.
Y luego de haber enseñado el buen camino a los hombres de buena voluntad, moría en la Cruz para ganarnos la filiación divina y la herencia celestial.
Tampoco se borraría el testimonio permanente de millones de personas que han dado generoso ejemplo de entrega a la causa de la paz y la justicia, de amor al pobre y al desvalido, mientras los demás se han hecho los sordos, ciegos y mudos. Mártires y santos de todos los tiempos, y una “mayoría silenciosa” y virtuosa que, junto con otras almas ignoradas, conforman el espinazo que sostiene enhiesto lo más noble, recto y generoso de la humanidad. La Navidad no se apagaría por mucha mercadería y ruido que le cayera encima.
¿Cómo no citar aquí los primeros versos del poema de San Juan de la Cruz en los que esboza la misión redentora del Salvador?: “Mil gracias derramando / pasó por estos sotos con presura / y yéndolos mirando, / con sola su figura / vestidos los dejó de fermosura” ¡Feliz Navidad!
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El grafico de "Asociación Zombra" titulada "estrellanos"
"La asociación zombra ha proyectado a partir de esta idea una acción difusa de obstaculización del consumo masivo que estaría basada en la aparición en forma de pegatinas del diseño propuesto sobre los códigos de barras de los productos más abundantes en las grandes superficies comerciales. barajamos, incluso, la posibilidad de una serie de acciones concentradas en los días próximos a nochebuena para una mayor repercusión".
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