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Hablando de la paz

El 21 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Paz, establecido por la ONU en 1981 para “conmemorar y fortalecer los ideales de paz en cada nación y cada pueblo”. Pero es difícil mantener la esperanza de un mundo mejor si hojeamos los periódicos o miramos los telediarios. Es fácil llegar a la conclusión de que todo está perdido y de que vivimos en una espiral de violencia. Los medios de comunicación moldean esas percepciones por medio de imágenes y mensajes que transmiten día a día.
Además de los actores directos de cada conflicto, los periodistas y las empresas a las que ellos pertenecen también tienen influencia en su desarrollo. La gente, receptora de imágenes y de mensajes, influye en la política internacional en mayor grado si se trata de una democracia. En teoría, un sistema democrático refleja la voluntad del pueblo. Lo que decidan los políticos de estos países tiene consecuencias de peso en la política internacional. Cabe decir entonces que la información influye en cómo se manejan los conflictos.
Muchos periodistas repiten lo que algunos políticos proponen: un mundo con seguridad a cualquier precio. ¿Por qué se reproduce al pie de la letra lo que declaran Bush, Putin, Powell y Uribe? Cada vez los medios son más sumisos y obedientes. O sin la formación adecuada, lo cual los expone a una mayor manipulación. Quizá ya están controlados por tan poca gente que al periodista le queda poca libertad de elección.
Cuando dicen: “No se negocia con los terroristas”, ¿por qué no leemos la versión no oficial? Pocas veces nos explican el fondo de los sucesos violentos. Si buscáramos en Google la palabra “muertos”, encontraríamos miles de titulares de periódicos y artículos. Tanto hablan de muertos y de “daños colaterales” que resulta difícil no dejarse llevar por el pesimismo.
Los medios de comunicación han reducido el concepto de violencia al terrorismo internacional. Los consumidores de noticias centran su atención en los atentados que se producen en todos los Continentes. No se percatan de que el terrorismo es tan sólo una partícula del inmenso Goliath que es la violencia mundial. Y que la paz es fruto de la justicia o silencio de los cementerios.
Mientras se mire el problema desde una óptica tan minimalista, poco se podrá hacer. No sólo está Al Qaeda. Están Chechenia, Colombia, Palestina, Sudán, el Sudeste asiático. Así hasta 34 conflictos bélicos no recogidos en los medios. Un malestar general comienza a extenderse por Latinoamérica. Los mercados no han traído el prometido desarrollo. Han aportado desigualdad y conflicto.
Según los medios, no hay lugar para la paz y la esperanza. Se reduce la verdad a la imagen de un niño corriendo horrorizado, un cadáver con la mirada perdida o un edificio convertido en escombros. La gente se acostumbra y al cabo del tiempo lo ve normal. La costumbre amortigua la sensibilidad.
La pobreza, la opresión, el hambre y la injusticia han empujado a mucha gente hacia el radicalismo. No se trata de justificar las guerrillas, el terrorismo y la violencia como recursos de defensa contra la injusticia, porque la violencia es en sí injusta. Se trata de escarbar y encontrar una respuesta para ofrecer soluciones sensatas.
La información veraz es un derecho subjetivo, como lo son la educación y el acceso a la sanidad. Quienes manejan esa información son tan responsables sociales, como los médicos o los profesores. A pesar de la burda realidad que muestran cada día, hay otra verdad más auténtica “Un mundo más humano es posible porque es necesario”.
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