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Danzas y bloqueos

Bolivia es, a todas luces, un país único. Typical country, lo llamaria Paulovich. Y es un país único porque el domingo existe un verdadero carnaval con la fiesta de Jesús del Gran Poder y el lunes aparecen turbas rabiosas que en vez de bailar bloquean. El domingo pasado danzaron cholitas elegantes, con colorido y oro, demostrando opulencia, y al día siguiente se moviliza una masa gris, belicosa, amenazante, que, en vez de homenajear al Gran Poder, busca echar por los suelos el poder efímero que detenta Carlos Mesa.

Lo que sucede es que en las clases populares nacionales no todos son pobres como se quiere hacer creer. La miseria no está entre las cholitas y los cholos que trabajan. En algunos segmentos de la sociedad chola existe un poder económico mucho mayor al de la clase media asalariada, mal pagada, y más rico también que muchos de los profesionales liberales que hoy apenas sobreviven con sueldos miserables. El poder económico está en quienes danzan con ostentación —lo que nos parece muy bien— y que lucen grandes topos plateados, aretes de oro, mantas de seda, y, que, como se dedican al trabajo, como la mayoría son comerciantes, no están como el resto esperando dádivas del Gobierno, ni queriéndole arrancar al Estado lo que no tiene.

El domingo, matracas y banda; el lunes cohetes que ensordecen y malos discursos. Esa es La Paz. Y todos los politicastros —Evo Morales el primero— que no hacen otra cosa que hablar con ira en nombre de “el pueblo boliviano”. Todo lo que hace o dice Evo Morales es en nombre de ese pueblo boliviano que lo que desea es ganar para su sustento y, si se puede, para hacer las promesas al Señor del Gran Poder o a la Virgen de Urkupiña o a la del Socavón. Ese pueblo boliviano a que se refieren los politicastros no es el del ensañamiento y la pedrea, sino el que baila, el que hace derroche de alegría y elegancia. Y serán esas cholitas y sus maridos —hay nomás un matriarcado paceño— quienes van a espantar a correazos a los asaltantes embozados en pasamontañas que se aprovechan de los disturbios para cometer fechorías.

Ya se vio en febrero del 2003 cuando el lumpen entremezclado con las muchedumbres se lanzaron sobre los negocios del centro y sobre los edificios de la administración pública para saquear. En cuanto los maleantes asomaron la nariz por la Buenos Aires o la Uyustus, aparecieron las cholitas dueñas de los negocios y los valientes ladrones tuvieron que echar pie atrás. Que no hable Evo Morales y sus secuaces en nombre del “pueblo boliviano”, porque se nos ocurre que están equivocados.
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