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Transformers y el anhelo robotico

Crecer creyendo que la evolución robótica estaba muy próxima y que en nuestra primera decena de años ya podíamos pasearnos lado a lado de robots humanoides que hagan de nuestra vida mas fácil, supongo que fue el sueño mas próximo que teníamos todos en algún momento. Pero dicha revolución jamás llegaba y lo único que mantenía aquel sueño con vida, aunque sea solo en el imaginario, eran las series de televisión ochenteras donde un ente robotico además de cuidarnos se hacia parte de nuestra vida.

Capitán Futuro nos había marcado el camino al espacio, los planetas antes lejanos se podían casi palparlos, la revolución espacial había comenzado. Llegaron los Transformers como primera vida extraterrestre robótica, que se convirtió en una serie de vida. Ya mas jóvenes y medianamente maduros la pieza del puzzle u otra parte del sueño se añadía con Terminator, habíamos creado nuestros robots pero estos se habían revelado, aquel sueño utópico y la necesidad de robots estaba mantenida por, ahora, el cine. El tiempo avanzo nuestros robots mutaron con la tecnología digital, el espacio se lleno con Matrix y la second life a la inversa.

Entre lo primero y lo ultimo ha pasado casi un cuarto de nuestras vidas, siempre de mano con el anhelo de robarle pedazos al futuro, pero últimamente en ese propósito hemos quedado casi huérfanos de películas identificativas y aquella aproximación de los anhelos robóticas entre lo real y lo ficticio simplemente se mantiene retenida en el tiempo. Como sintiendo esa especie de huerfandad llega Michael Bay de la mano de un atemporaneo Spielberg, dos generaciones distintas que de seguro habrán vivido aquel anhelo utópico de sus robots y con cierta malicia nos recuerdan aquella época dorada donde los seres robóticas se paseaban entre nosotros.

Transformers, de Bay y Spielberg, nos han devuelto nuestros robots en pantalla grande con aquel mismo argumento de la serie ochentena donde para muchos de nosotros en si el argumento era lo menos importante. Un solo argumento y una línea inexcusable “salvar a la humanidad”, Michael Bay logra recordar el espíritu de Optimus Prime y los demás autobots, añadiéndoles un humor desconocido pero que encaja bien en aquella opera de destrucción, donde los robots gigantes nos regalan uno de los mejores espectáculos visuales vistos últimamente.

La película se niega a dejar cualquier mensaje y nos involucra a nosotros a seguir el juego, creándose al mejor blockbuster del año, cuyo único fin es el de entretener con un cóctel molotov de furia visual, de un espectáculo sonoro que juega en diversos niveles, frases heroicas de un héroe robotico inolvidable, destrucción a raudales por obra y gracia de gigantes mecanismos robóticas, lindos autos y dos protagonistas que se digieren sus papeles de manera creíble sin dejar de resaltar a la escultural de Megan Fox, actriz perfecta para el blockbuster perfecto.

Si bien Michael Bay y Steven Spielberg de generaciones dispares han logrado crearse una opera prima, han conseguido aun mas amalgamar nuestra infancia con nuestra madurez con una formula sencilla, meterse con nuestros recuerdos y permitirse crecer con ellos.

Vea Tambien:
Transformers (La Mieda Ocurre): Un analisis de la película en el sensacional comic de Javier.

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