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Vampiros en la Villa Imperial

Vampiros en la Villa Imperial Bien sabida es la fama que tiene Potosí de ser cuna de historias de vampiros, aparecidos, brujas y de fantasmas en busca de alguna riqueza que perdieron cuando estaban con vida. No hay que hacer nada más que leer algunas páginas de "Leyendas, Mitos y Tradiciones de Bolivia", del cándido Antonio Paredes, para encontrar demonios escapando de cruces bendecidas y de frailes en busca de un tapado en la Catedral o en algún viejo caserón.
Pero las cosas han cambiado hoy en día; y esto no es de extrañarse. Por ejemplo, si visitamos la antigua Iglesia de Belén nos encontramos que ahora es un moderno anfiteatro dedicado a la memoria de Modesto Omiste; el recorrido incluye un paseo por el techo de la Iglesia desde donde se puede ver las 22 torres que circundan toda la región urbana de la Villa de Don Carlos.
Al igual que las Iglesias, las historias y las leyendas urbanas mutan a medida que pasa el tiempo. Las historias de vampiros ahora se escenifican en morgues, las fiscalías y sobre todo en las facultades de medicina; los protagonistas ya no visten capa negra y barba de chivo puntiaguda, si no que hasta podrían ser nuestros hijos, nuestros amigos o cualquier otro personaje cercano a nuestro entorno familiar.
Es el caso de aquel estudiante de medicina que se encontró el cadáver de Sebastián Huanca Poma en las calles de Potosí y decidió llevarlo a su casa (¡que alma más caritativa!). Una vez en su hogar, donde sus padres jamás notaron la presencia del occiso, lo introdujo en un bote de agua y lo trasladó junto con sus dos amigas a su centro de estudios para venderlo como una baratija, o quien sabe para vender sus preciados órganos a alguna transnacional.
Cuando la policía fue informada del hecho, se dirigió a la Universidad Toma Frías y confiscó el cuerpo, luego llamó a todos los alumnos y se procedió a un tenso interrogatorio para armar el rompecabezas de este singular asunto. El principal implicado, Cesar Alberto Martínez Chávez, remarcó que en su condición de estudiante de medicina vio la oportunidad de tener un cadáver para las prácticas y por esa razón no dio parte a las autoridades respecto a la muerte de Huanca Poma. Durante la autopsia llamó la atención la existencia de tres heridas puntiformes en la caja toráxica del occiso, a la altura del corazón, las mismas que fueron producidas por inyecciones que habrían servido para introducir cloroformo al cuerpo. Aún no se sabe si estas marcas fueron hechas antes o después de la muerte de la víctima, un nuevo y curioso hecho de sangre en los anales de la historia potosina.
El caso no terminó todavía y se espera que no llegue a ningún lado, sólo por el hecho de que en nuestro país no estaría tipificado el delito "de robo de cadáveres" o el de "profanación de tumbas". En caso de que se compruebe que los químicos fueron inyectados antes de la muerte de Huanca, entonces se podría abrir un caso por homicidio. Me pregunto si en este caso la Ley no debería consultar por la figura de Jurisprudencia en los casos de vampiros y de demonios en los siglos 16 y 17; (por supuesto que esto es solo una figura literaria del presente artículo).
No es de admirarse que las Iglesias sean ahora museos; que el Sumaj Orcko sea un monumento y que los vampiros sean profesionales, no importa cual sea el área de trabajo que desempeñan. Sin embargo, no hay que olvidarse nunca de decir "Cómo has cambiado, Potosí".
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