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Letras mediterráneas: Un mapa literario de Bolivia

Letras mediterráneas:  Un mapa literario de Bolivia

Bolivia y Ecuador, dos países marcados por el imponente paisaje de las cumbres andinas, ven en las últimas dos décadas la consolidación de una literatura que, si bien sigue algunas de las tendencias contemporáneas, mantiene una lucha por reflejar las tensiones de su propia realidad. Babelia propone en estas páginas una aproximación a la literatura de ambos países.
ANABEL GUTIÉRREZ LEÓN


La mediterraneidad es un rasgo determinante para entender Bolivia. Sus efectos se perciben no sólo en términos geopolíticos o económicos, sino también y sobre todo a un nivel simbólico. Porque este cerco de tierra, además de haber encerrado al país parece haberlo mantenido un poco más lejos del mundo. Con esta idea se puede emprender, de alguna manera, un acercamiento a las letras bolivianas, generalmente muy poco conocidas fuera de sus fronteras. Clásicos como Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela con su extraordinaria crónica de la Villa Imperial del Potosí colonial; el gran estilista que fue Gabriel René Moreno; Adela Zamudio, poeta y narradora que rompió esquemas en una época donde sólo los hombres tenían acceso a la producción intelectual -camino que posteriormente seguirían María Virginia Estensoro o Hilda Mundy- ; poetas de la talla de Franz Tamayo o Ricardo Jaimes Freyre; novelistas como Carlos Medinaceli, Nataniel Aguirre, Jorge Suárez, Marcelo Quiroga Santa Cruz o Jaime Sáenz, por nombrar sólo unos pocos, son escasamente conocidos por estudiosos fuera de Bolivia. Si bien cada escritor siguió más o menos de cerca los dictados de su época, tanto literaria como histórica, recreándola según su particular universo, una característica común imperante hasta hace pocas décadas dentro de la literatura boliviana es un declarado esfuerzo por narrar el país, que se traduce en obras de marcado corte realista, y con una fuerte tendencia sociológica.

No es hasta mediados de los años ochenta del siglo XX que el horizonte comienza a ensanchar sus límites visiblemente. Novelas como El otro gallo o Rapsodia del cuarto mundo, de Jorge Suárez, cuestionan el sentido de la realidad desde el poder del lenguaje; o bien desvelan el otro lado de esa realidad como en Felipe Delgado, la compleja novela de Jaime Sáenz, que transcurre por los escenarios periféricos de la ciudad de La Paz y donde cobran vida personajes totalmente ajenos al ámbito hegemónico.

Otro interesante trabajo en el lenguaje, desde ámbitos más regionales, se encuentra en Jesús Urzagasti que, en palabras del poeta Eduardo Mitre, "funda un espacio de la memoria y el deseo" donde puede presentirse "la causalidad misteriosa que acaso gobierna el destino humano", redescubriendo el escenario y el lenguaje del Chaco boliviano. También en la narrativa de Manuel Vargas que recrea la vida cotidiana y el habla del mundo rural. O en Adolfo Cárdenas o Víctor Hugo Viscarra, quienes en un tono sarcástico y humorístico, han sabido rescatar los lenguajes y códigos marginales del hampa paceña.

Dentro de esta línea de exploración lingüística, resaltan novelas como Manchay Puyto: el amor que quiso olvidar Dios, de Néstor Taboada Terán, "en la cual la inserción, sabiamente administrada, de voces y frases quechuas, teje un texto híbrido o mestizo", para volver a usar palabras de Mitre; o la reciente novela De cuando en cuando Saturnina/Saturnina from time to time (2004), de la antropóloga y escritora Alison Spedding, que puede ser considerada como una de las más arriesgadas apuestas de ciencia-ficción, o ciberpunk, donde el español, el aimara y el spanglish se mezclan en una delirante trama anarco-futurista.

Obras como El viaje, de Rodrigo Antezana, incursionan también en la ciencia-ficción, aunque siguiendo una línea, si acaso, más clásica dentro del género; Potosí, 1600, de Ramón Rocha Monrroy, o La ciudad de los inmortales, de Homero Carvalho, son de los pocos acercamientos recientes a la novela histórica. Dentro de la llamada novela negra, puede situarse la excelente American Visa, de Juan de Recacochea, o Mundo Negro, de Wilmer Urrelo. Otro género muy poco común en Bolivia es el fantástico que, si bien encuentra sus primeros arranques en los cuentos de Óscar Cerruto, tiene ahora un serio representante en Emilio Martínez, con libros de vertiente borgeana como Noticias de Burgundia o Macabria, y más recientemente la novela El huésped, de Gary Daher.

Todos estos libros y autores son síntomas de los nuevos aires que ha comenzado a respirar la literatura boliviana en los últimos años, y si bien todavía no se puede hablar de un proyecto conjunto, sí es posible encontrar serias propuestas individuales que han comenzado a sacudirse el peso que anteriormente obligaba a los escritores a inscribirse en una línea de compromiso sociopolítico para narrar la nación desde ese punto.

Poco a poco las preocupaciones literarias se están desplazando del ámbito social para darle más espacio a la individualidad de los personajes. El campo y lo rural también están siendo gradualmente reemplazados por una narrativa de tendencias más urbanas. Las crisis políticas o sociales -que no han dejado de sucederse dentro de la historia boliviana-, de haber sido la base desde donde se construía una novela, están retirándose a discretos segundos planos, o meros telones de fondo para historias que hablan de la vida cotidiana o la subjetividad de individuos comunes y corrientes. Esta mayor diversidad de registros ha dotado a las nuevas generaciones de escritores de una libertad temática y expresiva que podría estar anunciando un importante quiebre al interior de las letras bolivianas. En medio de este escenario resaltan escritores como Edmundo Paz Soldán, cuyo proyecto literario es uno de los más sólidos y prolíficos dentro del panorama actual. En su literatura se mezcla la tecnología de punta y los medios masivos de comunicación con un ambiente donde el subdesarrollo, la pobreza y el caos político conviven con la prisa de los tiempos contemporáneos; Giovanna Rivero, que con prosa cada vez más firme y un fino desparpajo, ha sabido redimensionar la figura de la mujer dentro de la narrativa boliviana, a tiempo de abrir nuevos espacios en el terreno de la literatura erótica, entre la que también se pueden contar novelas como La gula del picaflor, de Juan Claudio Lechín (ganadora del Premio Nacional de Novela, 2003); Los labios de tu cuerpo, de Gonzalo Lema, o Desnúdese el desnudo, de Wolfango Montes, por nombrar algunos. Además hay escritoras que están luchando por conseguir una individualidad real en medio de este mapa: Claudia Peña, Centha Reck, Ximena Arnal Frank, Roxana Selum, Virginia Ayllón o Marcela Gutiérrez.

Existen también autores como Gary Daher o Cé Mendizábal, que han incursionado en varios géneros (narrativa, poesía y ensayo) y, a partir de la apertura de nuevos territorios, registros y tonos, están desentrañando en sus obras el ser y quehacer de lo boliviano desde una perspectiva más universalista; o un autor como el último ganador del Premio Nacional de Novela, Eduardo Scott, que se atrevió con una novela ambientada en el extranjero.

Todos estos libros y autores son una escueta muestra del momento -aparentemente saludable- por el que está pasando la literatura boliviana. Considerada por muchos una etapa de quiebre, si la actual producción literaria logra consolidarse y sostenerse a futuro, no estará lejano el día en que Bolivia pueda ocupar un lugar autónomo y visible dentro de la narrativa hispanoamericana.

Articulo original publicado en El Pais.es, escrito por Anabel Gutiérrez León.

La imagen: "Iconos de resistencia", de la serie "Tenguel, el tamaño del tiempo" (1998-1999), de la fotógrafa boliviana Lucía Chiriboga.

Visto también en el Forastero.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

Calvin & Hobbes: récord de ventas

Calvin & Hobbes: récord de ventas Quizás lo sepan, pero debo admitir que soy un Calvinadicto y creo no ser el único en el mundo de los bloggeros.

A que viene la redundancia, pues a que me encuentro con una noticia en la cárcel de papel (referente obligado en esto de los comics), noticia que paso a copiar textualmente.

"La edición recopilatoria de Calvin & Hobbes que acaba de editar Andrews McMeel bajo el título “The Complete Calvin and Hobbes” (recordad, edición integral en tres volúmenes en edición de lujo), ha barrido todas las expectativas con unas ventas de 15.000 ejemplares en la primera semana. Puede parecer poco, pero recordemos que la edición cuesta 150$, lo que la convierte en la edición más cara que se ha posicionado jamás en la segunda posición de la lista de ventas The Book Standard.
En una sóla semana, lo que ya está haciendo que los señores de McMeel se estén frotando las manos pensando que puede superar a la recopilación de The Far Side de Gary Larson, que vendió 150.000 copias…"


Tomos recopilatorios que servirían de regalo para cualquier ocasión.
Para terminar, quizás también lo sepan pero los astros conjugan todos los 29 de octubre de todos los años para recordarme que ando tiempo extra en este mundo y que para engañar a la edad siempre son buenos los regalos. Así que si hay algún alma caritativa por los United States que pueda facilitarme el tan preciado paquete (The Complete Calvin and Hobbes) se lo agradecería infinitamente o en algún remoto caso se lo pagaría (es broma, si se lo pagaría).

Jamás hice una lista de regalos, pero este recopilatorio no me vendría mal, es mas ya no pediría ni regalo de navidad.

Vea además (solo almas caritativas):
The Complete Calvin and Hobbes (Hardcover): En Amazon.com, a solo $94.50

Caras y Caretas e Incas o Aztecas en un 10/12

Caras y Caretas  e Incas o Aztecas en un 10/12 Después de 72 días de navegación, el 12 de octubre de 1492 el marinero Rodrigo de Triana divisó Tierra. Este acontecimiento cambió la concepción que se tenía del planeta y provocó algo que ni siquiera Cristóbal Colón había imaginado: la unión de dos mundos.
Así empezaba la historia del más grande saqueo de la humanidad, del legado de culturas y religiones desconocidas...

Caras y Caretas
(Via La Jornada)

"El Día de la Raza pasó a ser el del Encuentro. ¿Son encuentros las invasiones coloniales?"
Eduardo Galeano


¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes que él, la descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los vikingos? Los que allí vivían, ¿no existían?
Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?
¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?
Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del Mayflower fueron a poblar América. ¿América estaba vacía?

Como Colón no entendía lo que decían, creyó que no sabían hablar.
Como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada, creyó que no eran gentes de razón.
Y como estaba seguro de haber entrado al Oriente por la puerta de atrás, creyó que eran indios de la India.
Después, durante su segundo viaje, el almirante dictó un acta estableciendo que Cuba era parte del Asia.
El documento del 14 de junio de 1494 dejó constancia de que los tripulantes de sus tres naves lo reconocían así; y a quien dijera lo contrario se le darían 100 azotes, se le cobraría una pena de 10 mil maravedíes y se le cortaría la lengua.
El notario, Hernán Pérez de Luna, dio fe.
Y al pie firmaron los marinos que sabían firmar.


Los conquistadores exigían que América fuera lo que no era. No veían lo que veían, sino lo que querían ver: la fuente de la juventud, la ciudad del oro, el reino de las esmeraldas, el país de la canela. Y retrataron a los americanos tal como antes habían imaginado a los paganos de Oriente.
Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con caras de hombre y plumas de gallo, y supo que no lejos de allí los hombres y las mujeres tenían rabos.
En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los hombros y la boca en el pecho.
En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes que las arrastraban por los suelos.
En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus flechas.
Anglería, que escribió la primera historia de América pero nunca estuvo allí, afirmó también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos, como había contado Colón, y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse en asientos con agujeros.

El Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en las colonias francesas. Pero no era por torturar, sino por educar, que los amos azotaban a sus negros y cuando huían les cortaban los tendones.
Eran conmovedoras las Leyes de Indias, que protegían a los indios en las colonias españolas. Pero más conmovedoras eran la picota y la horca clavadas en el centro de cada Plaza Mayor.
Muy convincente resultaba la lectura del Requerimiento, que en vísperas del asalto de cada aldea explicaba a los indios que Dios había venido al mundo y que había dejado en su lugar a San Pedro y que San Pedro tenía por sucesor al Santo Padre y que el Santo Padre había hecho merced a la reina de Castilla de toda esta tierra y que por eso debían irse de aquí o pagar tributo en oro y que en caso de negativa o demora se les haría la guerra y ellos serían convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus hijos. Pero este Requerimiento de Obediencia se leía en el monte, en plena noche, en lengua castellana y sin intérprete, en presencia del notario y de ningún indio, porque los indios dormían, a algunas leguas de distancia, y no tenían la menor idea de lo que se les venía encima.


Hasta no hace mucho, el 12 de octubre era el Día de la Raza.
Pero, ¿acaso existe semejante cosa? ¿Qué es la Raza, además de una mentira útil para exprimir y exterminar al prójimo?
En el año 1942, cuando Estados Unidos entró en la guerra mundial, la Cruz Roja de ese país decidió que la sangre negra no sería admitida en sus bancos de plasma. Así se evitaba que la mezcla de razas, prohibida en la cama, se hiciera por inyección.
¿Alguien ha visto, alguna vez, sangre negra?

Después, el Día de la Raza pasó a ser el Día del Encuentro.
¿Son encuentros las invasiones coloniales? ¿Las de ayer, y las de hoy, encuentros? ¿No habría que llamarlas, más bien, violaciones?
Quizás el episodio más revelador de la historia de América ocurrió en el año 1563, en Chile. El fortín de Arauco estaba sitiado por los indios, sin agua ni comida, pero el capitán Lorenzo Bernal se negó a rendirse. Desde la empalizada, gritó:
-¡Nosotros seremos cada vez más!
-¿Con qué mujeres? -preguntó el jefe indio.
-Con las vuestras. Nosotros les haremos hijos que serán vuestros amos.


Los invasores llamaron caníbales a los antiguos americanos, pero más caníbal era el Cerro Rico de Potosí, cuyas bocas comían carne de indios para alimentar el desarrollo capitalista de Europa.
Y los llamaron idólatras, porque creían que la naturaleza es sagrada y que somos hermanos de todo lo que tiene piernas, patas, alas o raíces.
Y los llamaron salvajes. En eso, al menos, no se equivocaron. Tan brutos eran los indios que ignoraban que debían exigir visa, certificado de buena conducta y permiso de trabajo a Colón, Cabral, Cortés, Alvarado, Pizarro y los peregrinos del Mayflower.

"Peor estarían con incas o aztecas"
(Via BBC Mundo)


Para terminar, la frase del millón de dólares de hace un año atrás:

"Mucho peor estaríais o estaríamos bajo las civilizaciones incaicas, aztecas, mapuches, sioux, apaches, que han sido idealizadas por historiadores y antropólogos, cuando es bien conocida su división de castas y su carácter imperialista y sanguinario"
Pablo Sánchez Terán, cónsul español en Córdoba

Alicia en el país digital

Alicia en el país digital "Recibe, Alicia, el cuento y deposítalo donde el sueño de la Infancia abraza a la Memoria en lazo místico, como ajada guirnalda que ofrece a su regreso el peregrino de una tierra lejana"
(Alicia en el país de las Maravillas). Lewis Carroll


Quizás no todos seamos Alicia, pero sin lugar a dudas, todos tenemos algo de ésta. Ese eterno sueño de escapar del lado de la hermana y sumergirnos por la madriguera del conejo, tirarnos a la piscina y convivir con seres de todos los tipos. Creo que todos hemos tenido alguna vez el deseo palpable de volar, de ser otros, de traspasar los muros o detener el tiempo. Alicia los toma todos y nos regala su aventura en los yaclásicos “Alicia en el país de las maravillas” y “Alicia, a través del espejo”.

Pero ahora en pleno siglo XXI, el manuscrito original que inspiró la creación del libro "Alicia en el País de las Maravillas", del escritor británico Lewis Carroll, fue publicado por primera vez en Internet, utilizando una innovadora tecnología que permite pasar cada página de forma virtual.



La obra "Alice's Adventures Under Ground" es la última edición en tres dimensiones del programa "Turning the Pages™" (Dar vuelta las páginas) de la British Library, para su colección de libros en Internet.

La tecnología Flash utilizada por la Biblioteca Británica le permite ofrecer una versión tridimensional del documento, cuyas páginas se pueden pasar como si se tratara de un libro de papel.
Gracias a esto, casi se puede palpar un manuscrito que normalmente está bajo llave, en un gabinete de cristal. El sitio web también incluye una narración auditiva del texto.

En el mismo sitio, la Biblioteca Británica ofrece acceso a otros manuscritos raros de su colección, como el cuaderno de dibujos de Leonardo da Vinci, el Evangelio de Lindisfarne y el Atlas Mercator de Europa.
También se pueden ver la Sutra del Diamante, el libro impreso más antiguo del mundo, y la Historia de Inglaterra escrita por Jane Austen en su adolescencia.

Vea También:
- Alicia entra a la madriguera digital : Alicia, la niña que entró a la madriguera de un conejo y más tarde atravesó un espejo, ahora ha incursionado, en tres dimensiones, al mundo de la internet.
- El libro impreso más antiguo del mundo: El libro impreso más antiguo del mundo, Sutra del Diamante, un texto budista elaborado en China en el año 868 d.C, forma parte de una nueva exposición de la Biblioteca Británica.
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Libros en Bolivia

Libros en Bolivia "Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma".
Marco Tulio Cicerón


Desde la imaginación, hasta la historia. Héroes y villanos, reales o míticos, ese contraste entre la sangre derramada y la vida… van rondando las paginas escritas por autores bolivianos y otros que sin serlo se quedan enamorados de los paisajes y la historia de Bolivia plasman en el papel el misticismo que los enamoro.

Obras de Òscar Serruto, Nataniel Aguirre, Ricardo Jaimes Freyre, Augusto Céspedes, Adela Zamudio, Franz Tamayo, Alcides Arguedas, Óscar Alfaro, Wálter Montenegro, Jaime Saenz y Julio de la Vega, entre otros renombrados escritores, revolotean y engañan al tiempo permaneciendo hasta ahora como tesoros invaluables de la literatura Boliviana.

Mientras tanto las listas de novelistas, cuentistas y poetas bolivianos se enriquecen con el tiempo con nombres más contemporáneos como Jorge Suárez, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Víctor Hugo Viscarra, Blanca Wiethüchter, Ramón Rocha Monroy, Humberto Quino, Jesús Urzagasti, Pedro Shimose y Adolfo Cárdenas.

“La creación literaria de Bolivia es rica y de gran calidad”. Por eso, "las obras bolivianas deben estar presentes en cada casa del país y formar parte de sus tesoros más preciados". Dice Raquel Montenegro en una entrevista realizada por un diario local, sobre las obras mas notables de la literatura boliviana.

Todo libro es bueno, pero hoy mientras recuerdo la lista hecha por varios escritores bolivianos sobre los títulos imprescindibles y más importantes de la literatura boliviana, me jacto de tenerlas y haberlas disfrutado a la mayoría de ellas.

Las obras literarias infaltables en la biblioteca familiar

Juan de la rosa (Novela)
Nataniel Aguirre

Es la historia del último soldado que luchó en la Guerra de la Independencia, Juan. Es narrada por el mismo protagonista, quien describe sus memorias de las batallas con sus ojos de niño.

Aluvión de fuego (Novela)
Óscar Cerruto

La obra brinda una visión de Bolivia durante la Guerra del Chaco (1932-1935). La novela, más que narrar episodios de la confrontación, mira la realidad social y política del país.

SANGRE DE MESTIZOS (Relato)
Augusto Céspedes

Nueve relatos anecdóticos basados en la Guerra del Chaco, de la cual Céspedes formó parte activa, son la propuesta de este libro, donde se desnudan los errores militares.

Relatos de la Villa Imperial de Potosí (Narración)
Bartolomé Arzans de Orsúa

La obra, una antología de narraciones, retrata los aspectos humanos y habituales de lo que fue la vida cotidiana en el Potosí colonial.

Los deshabitados (Novela)
Marcelo Quiroga Santa Cruz

“La génesis de este libro comenzó a vivir bajo una sensación de melancolía", señaló el autor. En ella, los personajes se vacían tanto de vida que llegan a deshabitarse por completo.

LA PROMETHEIDA (Poesía)
Franz Tamayo

4.037 versos sin rima componen esta obra, donde personajes como Psiquis, Palas, Ares e Iris, entre otros, representan en la tragedia lírica la mediterraneidad de Bolivia.

Potosí 1600 (Novela)
Ramón Rocha Monroy

La obra se basa en un tema extraído de los escritos del cronista colonial Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela: el nacimiento del primer criollo, hijo de españoles, en Potosí.

Los últimos (Cuento)
Wálter Montenegro

El libro reúne una serie de cuentos urbanos donde se destacan los personajes que deambulaban por la ciudad de La Paz en los años 50. Entre ellos destaca El pepino.

Asistir el tiempo (Poesía)
Blanca Wiethüchter

Las sensaciones y las visiones más intimistas de la escritora nacional se resumen en el poemario escrito en el año 1975. La obra poética fue también traducida al italiano.

Raza de bronce (Novela)
Alcides Arguedas

El libro es una de las primeras aproximaciones al mundo indígena del país. Los sufrimientos y la existencia de los indígenas, a comienzos del siglo XX, dan vida a la obra literaria.

Tirinea (Novela)
Jesús Urzagasti

Un joven escritor llamado Fielko y un hombre viejo son los protagonistas de la obra donde los fantasmas de la tristeza de un mundo ya olvidado reviven en sus vidas.

La laguna h3 (Novela)
Adolfo Costa du Rels

Ambientada en la Guerra del Chaco, el escritor narra las sangrientas escenas de la confrontación en las candentes arenas del Chaco con un lenguaje desgarrador y mordaz.

Coitus ergo sum (Poesía)
Humberto Quino

La muerte, como una sensación, y el amor se funden en las poesías que dan vida a la obra de Quino. En el libro las imágenes fantásticas y contradictorias dan sabor a la lírica.

La chaskañawi (Novela)
Carlos Medinacelli

La obra es un testimonio de la vida cotidiana provinciana del sur de Bolivia y contiene tintes autobiográficos y retazos de ironía. Unos "ojos de lucero" ponen el toque romántico.

Periférica bvl (Novela)
Adolfo Cárdenas

La vida en la periferia de la ciudad de La Paz inspira la obra y el léxico utilizado en la novela de Cárdenas, quien a través de la palabra y de sus protagonistas hace un recorrido urbano.

Castalia Bárbara (Poesía)
Ricardo Jaimes Freyre

El autor utilizó en esta obra un mito escandinavo: la agonía del mundo de Odín. En sus versos, el escritor relata el derrumbe, la destrucción y la caída de su reino.

Felipe delgado (Novela)
Jaime Saenz

Narra la extraña aventura espiritual de Delgado en busca de una presencia. El mundo de una oscura bodega, perdida en la noche de los aparapitas, sirve de marco de la obra.

Manchay Puytu (Novela)
Néstor Taboada Terán

Es la historia de un amor trágico y profano entre un sacerdote potosino y una joven india. En la novela el autor introduce al mejor músico del mundo: el viento.

La alegre cosecha (Cuento)
Óscar Alfaro

Una selección de cuentos y poesías dedicadas a los más pequeños del hogar. Los largos viajes de Alfaro por todos los departamentos del país inspiraron las obras del libro.

Quiero escribir, pero me sale espuma (Poesía)
Pedro Shimose

Un recorrido por el mundo creativo del poeta, donde no sólo el amor inspira su pluma. Versos dedicados al país también conforman su obra.


Muchas obras quedan fuera de la veintena de títulos de autores bolivianos pero se debe aceptar que estos nombres son los que marcan la literatura en Bolivia y obras que marcaron hito en las letras de Bolivia. Excelentes autores actuales quedan aislados de la lista por el peso específico que ganaron las obras mencionadas.
Queda así la deuda de hacer una lista contemporánea de autores bolivianos y sus obras que no deberían faltar en las bibliotecas y hogares de Bolivia.

En La Paz (Bolivia):
Muchas de las obras mencionadas en esta página podrán ser adquiridas en los stands de la X Feria Internacional del Libro.

En Bolivia y el Mundo:
Internet también es una buena opción para encontrar la obra de los autores nacionales. Es el caso de la página www.libreriaboliviana.com, que cuenta con más de un centenar de títulos bolivianos, además de contener información sobre los escritores y un resumen de la obra.

Mas libros:
- Los 100 libros mas notables de la literatura mundial.
- Bibliothekarinnen Boliviens vereinigt euch! (Bibliotecarias de Bolivia ¡Uníos!)."

El mago y el científico - Umberto Eco

El mago y el científico - Umberto Eco Esta es otra de las ventajas que tienes al estar conectado a la telaraña mundial, estos son los lujos que te puedes dar al toparte con artículos viejos y casi olvidados, que emergen de cuando en cuando en una búsqueda fallida.
Del escritor del "Nombre de la Rosa", Umberto Eco, me encuentro un artículo publicado el 2002 que sin duda no iba dejar de anotarlo en el blog, para después hundirme en sus párrafos y deleitarme rebuscando en sus letras.






EL MAGO Y EL CIENTÍFICO
Umberto Eco


Creemos que vivimos en la que Isaiah Berlin, identificándola en sus albores, llamó la Edad de la Razón. Una vez acabadas las tinieblas medievales y comenzado el pensamiento crítico del Renacimiento y el propio pensamiento científico, consideramos que vivimos en una edad dominada por la ciencia. A decir verdad, esta visión de un predominio ya absoluto de la mentalidad científica, que se anunciaba tan ingenuamente en el Himno a Satanás, de Carducci, y más críticamente en el Manifiesto comunista de 1848, la apoyan más los reaccionarios, los espiritualistas, los laudatores temporis acti, que los científicos. Son aquéllos y no éstos los que pintan frescos de gusto casi fantástico sobre un mundo que, olvidando otros valores, se basa sólo en la confianza en las verdades de la ciencia y en el poder de la tecnología.

Los hombres de hoy no sólo esperan, sino que pretenden obtenerlo todo de la tecnología y no distinguen entre tecnología destructiva y tecnología productiva. El niño que juega a la guerra de las galaxias en el ordenador usa el móvil como un apéndice natural de las trompas de Eustaquio, lanza sus chats a través de Internet, vive en la tecnología y no concibe que pueda haber existido un mundo diferente, un mundo sin ordenadores e incluso sin teléfonos.

Pero no ocurre lo mismo con la ciencia. Los medios de comunicación confunden la imagen de la ciencia con la de la tecnología y transmiten esta confusión a sus usuarios, que consideran científico todo lo que es tecnológico, ignorando en efecto cuál es la dimensión propia de la ciencia, de ésa de la que la tecnología es por supuesto una aplicación y una consecuencia, pero desde luego no la sustancia primaria.

La tecnología es la que te da todo enseguida, mientras que la ciencia avanza despacio. Virilio habla de nuestra época como de la época dominada, yo diría hipnotizada, por la velocidad: desde luego, estamos en la época de la velocidad. Ya lo habían entendido anticipadamente los futuristas y hoy estamos acostumbrados a ir en tres horas y media de Europa a Nueva York con el Concorde: aunque no lo usemos, sabemos que existe.

Pero no sólo eso: estamos tan acostumbrados a la velocidad que nos enfadamos si el mensaje de correo electrónico no se descarga enseguida o si el avión se retrasa. Pero este estar acostumbrados a la tecnología no tiene nada que ver con el estar acostumbrados a la ciencia; más bien tiene que ver con el eterno recurso a la magia.

¿Qué era la magia, qué ha sido durante los siglos y qué es, como veremos, todavía hoy, aunque bajo una falsa apariencia? La presunción de que se podía pasar de golpe de una causa a un efecto por cortocircuito, sin completar los pasos intermedios. Clavo un alfiler en la estatuilla que representa al enemigo y éste muere, pronuncio una fórmula y transformo el hierro en oro, convoco a los ángeles y envío a través de ellos un mensaje.

La magia ignora la larga cadena de las causas y los efectos y, sobre todo, no se preocupa de establecer, probando y volviendo a probar, si hay una relación entre causa y efecto. De ahí su fascinación, desde las sociedades primitivas hasta nuestro renacimiento solar y más allá, hasta la pléyade de sectas ocultistas omnipresentes en Internet.

La confianza, la esperanza en la magia, no se ha desvanecido en absoluto con la llegada de la ciencia experimental. El deseo de la simultaneidad entre causa y efecto se ha transferido a la tecnología, que parece la hija natural de la ciencia. ¿Cuánto ha habido que padecer para pasar de los primeros ordenadores del Pentágono, del Elea de Olivetti tan grande como una habitación (los programadores necesitaron ocho meses para preparar al enorme ordenador y que éste emitiera las notas de la cancioncilla El puente sobre el río Kwai, y estaban orgullosísimos), a nuestro ordenador personal, en el que todo sucede en un momento?

La tecnología hace de todo para que se pierda de vista la cadena de las causas y los efectos. Los primeros usuarios del ordenador programaban en Basic, que no era el lenguaje máquina, pero que dejaba entrever el misterio (nosotros, los primeros usuarios del ordenador personal, no lo conocíamos, pero sabíamos que para obligar a los chips a hacer un determinado recorrido había que darles unas dificilísimas instrucciones en un lenguaje binario). Windows ha ocultado también la programación Basic, el usuario aprieta un botón y cambia la perspectiva, se pone en contacto con un corresponsal lejano, obtiene los resultados de un cálculo astronómico, pero ya no sabe lo que hay detrás (y, sin embargo, ahí está). El usuario vive la tecnología del ordenador como magia.

Podría parecer extraño que esta mentalidad mágica sobreviva en nuestra era, pero si miramos a nuestro alrededor, ésta reaparece triunfante en todas partes. Hoy asistimos al renacimiento de sectas satánicas, de ritos sincretistas que antes los antropólogos culturales íbamos a estudiar a las favelas brasileñas; incluso las religiones tradicionales tiemblan frente al triunfo de esos ritos y deben transigir no hablando al pueblo del misterio de la trinidad y encuentran más cómodo exhibir la acción fulminante del milagro. El pensamiento teológico nos hablaba y nos habla del misterio de la trinidad, pero argumentaba y argumenta para demostrar que es concebible, o que es insondable. El pensamiento del milagro nos muestra, en cambio, lo numinoso, lo sagrado, lo divino, que aparece o que es revelado por una voz carismática y se invita a las masas a someterse a esta revelación (no al laborioso argumentar de la teología).

Querría recordar una frase de Chesterton: "Cuando los hombres ya no creen en Dios, no es que ya no crean en nada: creen en todo". Lo que se trasluce de la ciencia a través de los medios de comunicación es, por lo tanto -siento decirlo-, sólo su aspecto mágico. Cuando se filtra, y cuando filtra es porque promete una tecnología milagrosa, "la píldora que...". Hay a veces un pactum sceleris entre el científico y los medios de comunicación por el que el científico no puede resistir la tentación, o considera su deber, comunicar una investigación en curso, a veces también por razones de recaudación de fondos; pero he aquí que la investigación se comunica enseguida como descubrimiento, con la consiguiente desilusión cuando se descubre que el resultado aún no está listo. Los episodios los conocemos todos, desde el anuncio indudablemente prematuro de la fusión fría a los continuos avisos del descubrimiento de la panacea contra el cáncer.

Es difícil comunicar al público que la investigación está hecha de hipótesis, de experimentos de control, de pruebas de falsificación. El debate que opone la medicina oficial a la medicina alternativa es de este tipo: ¿por qué el pueblo debe creer en la promesa remota de la ciencia cuando tiene la impresión de tener el resultado inmediato de la medicina alternativa? Recientemente, Garattini advertía que cuando se toma una medicina y se obtiene la curación en un breve periodo, esto no es aún la prueba de que el medicamento sea eficaz. Hay aún otras dos explicaciones: que la enfermedad ha remitido por causas naturales y el remedio ha funcionado sólo como placebo, o que incluso la remisión se ha producido por causas naturales y el remedio la ha retrasado. Pero intenten plantear al gran público estas dos posibilidades. La reacción será de incredulidad, porque la mentalidad mágica ve sólo un proceso, el cortocircutio siempre triunfante, entre la causa presunta y el efecto esperado. Llegados a este punto, nos damos cuenta también de cómo está ocurriendo y puede ocurrir, que se anuncien recortes consistentes en la investigación y la opinión pública se quede indiferente. Se quedaría turbada si se hubiese cerrado un hospital o si aumentara el precio de los medicamentos, pero no es sensible a las estaciones largas y costosas de la investigación. Como mucho, cree que los recortes a la investigación pueden inducir a algún científico nuclear a emigrar a Estados Unidos (total, la bomba atómica la tienen ellos) y no se da cuenta de que los recortes en la investigación pueden retrasar también el descubrimiento de un fármaco más eficaz para la gripe, o de un coche eléctrico, y no se relaciona el recorte en la investigación con la cianosis o con la poliomielitis, porque la cadena de las causas y los efectos es larga y mediata, no inmediata, como en la acción mágica.

Habrán visto el capítulo de Urgencias en que el doctor Green anuncia a una larga cola de pacientes que no darán antibióticos a los que están enfermos de gripe, porque no sirven. Surgió una insurrección con acusaciones incluso de discriminación racial. El paciente ve la relación mágica entre antibiótico y curación, y los medios de comunicación le han dicho que el antibiótico cura. Todo se limita a ese cortocircuito. El comprimido de antibiótico es un producto tecnológico y, como tal, reconocible. Las investigaciones sobre las causas y los remedios para la gripe son cosas de universidad. Yo he perfilado una hipótesis preocupante y decepcionante, también porque es fácil que el propio hombre de gobierno piense como el hombre de la calle y no como el hombre de laboratorio. He sido capaz de delinear este cuadro porque es un hecho, pero no estoy en condiciones de esbozar el remedio.

Es inútil pedir a los medios de comunicación que abandonen la mentalidad mágica: están condenados a ello no sólo por razones que hoy llamaríamos de audiencia, sino porque de tipo mágico es también la naturaleza de la relación que están obligados a poner diariamente entre causa y efecto. Existen y han existido, es cierto, seres divulgadores, pero también en esos casos el título (fatalmente sensacionalista) da mayor valor al contenido del artículo y la explicación incluso prudente de cómo está empezando una investigación para la vacuna final contra todas las gripes aparecerá fatalmente como el anuncio triunfal de que la gripe por fin ha sido erradicada (¿por la ciencia? No, por la tecnología triunfante, que habrá sacado al mercado una nueva píldora). ¿Cómo debe comportarse el científico frente a las preguntas imperiosas que los medios de comunicación le dirigen a diario sobre promesas milagrosas? Con prudencia, obviamente; pero no sirve, ya lo hemos visto. Y tampoco puede declarar el apagón informativo sobre cualquier noticia científica porque la investigación es pública por su misma naturaleza.

Creo que deberíamos volver a los pupitres de la escuela. Le corresponde a la escuela, y a todas las iniciativas que pueden sustituir a la escuela, incluidos los sitios de Internet de credibilidad segura, educar lentamente a los jóvenes para una recta comprensión de los procedimientos científicos. El deber es más duro, porque también el saber transmitido por las escuelas se deposita a menudo en la memoria como una secuencia de episodios milagrosos: madame Curie, que vuelve una tarde a casa y, a partir de una mancha en un papel, descubre la radiactividad; el doctor Fleming, que echa un vistazo distraído a un poco de musgo y descubre la penicilina; Galileo, que ve oscilar una lámpara y parece que de pronto descubre todo, incluso que la Tierra da vueltas, de tal forma que nos olvidemos, frente a su legendario calvario, de que ni siquiera él había descubierto según qué curva giraba, y tuvimos que esperar a Kepler.

¿Cómo podemos esperar de la escuela una correcta información científica cuando aún hoy, en muchos manuales y libros incluso respetables, se lee que antes de Cristóbal Colón la gente creía que la Tierra era plana, mientras que se trata de una falsedad histórica, puesto que ya los griegos antiguos lo sabían, e incluso los doctos de Salamanca que se oponían al viaje de Colón, sencillamente porque habían hecho cálculos más exactos que los suyos sobre la dimensión real del planeta? Y, sin embargo, una de las misiones del sabio, además de la investigación seria, es también la divulgación iluminada.

Y, sin embargo, si se tiene que imponer una imagen no mágica de la ciencia, no debieran esperarla de los medios de comunicación, deben ser ustedes quienes la construyan poco a poco en la conciencia colectiva, partiendo de los más jóvenes.

La conclusión polémica de mi intervención es que el presunto prestigio de que goza hoy el científico se basa en razones falsas, y está en todo caso contaminado por la influencia conjunta de las dos formas de magia, la tradicional y la tecnológica, que aún fascina la mente de la mayoría. Si no salimos de esta espiral de falsas promesas y esperanzas defraudadas, la propia ciencia tendrá un camino más arduo que realizar.

Y he aquí que mañana los periódicos hablarán de este congreso vuestro, pero, fatalmente, la imagen que salga será aún mágica. ¿Deberíamos asombrarnos? Nos seguimos masacrando como en los siglos oscuros arrastrados por fundamentalismos y fanatismos incontrolables, proclamamos cruzadas, continentes enteros mueren de hambre y de sida, mientras nuestras televisiones nos representan (mágicamente) como una tierra de jauja, atrayendo sobre nuestras playas a desesperados que corren hacia nuestras periferias dañadas como los navegantes de otras épocas hacia las promesas de Eldorado; ¿y deberíamos rechazar la idea de que los simples no saben aún qué es la ciencia y la confunden bien con la magia, bien con el hecho de que, por razones desconocidas, se puede enviar una declaración de amor a Australia al precio de una llamada urbana y a la velocidad del rayo?
Es útil, para seguir trabajando cada uno en su propio campo, saber en qué mundo vivimos, sacar las conclusiones, volvernos tan astutos como la serpiente y no tan ingenuos como la paloma, pero por lo menos tan generosos como el pelícano e inventar nuevas formas de dar algo de vosotros a quienes os ignoran.

En cualquier caso, desconfiad más que nada de quienes os honran como si fueseis la fuente de la verdad. En efecto, os consideran un mago que, sin embargo, si no produce enseguida efectos verificables, será considerado un charlatán; mientras que las magias que producen efectos imposibles de verificar, pero eficaces, serán honradas en los programas de entrevistas. Y, por lo tanto, no vayáis, o se os identificará con ellas. Permitidme retomar un lema a propósito de un debate judicial y político: resistid, resistid, resistid. Y buen trabajo.


© Copyright 2002 Umberto Eco

Hace 196 años una pequeña llama de libertad, iniciaba…

Hace 196 años una pequeña llama de libertad, iniciaba… El 16 de Julio, el sábado pasado, se acaba de festejar el 196 aniversario del primer grito libertario en esta parte de América, con una frase que quedaría grabada para la historia:

"...Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez que se nos atribuye al inculto español..."
"...Valerosos habitantes de Nuestra Señora de La Paz y todo el imperio del Perú, revelad vuestros proyectos para la ejecución, aprovechaos de las circunstancias en que estamos, no miréis con desden la felicidad de nuestro suelo ni perdáis jamás de vista, la unión que debe reinar entre todos, para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente.."

(Proclamación insurreccional de la Junta de Defensa, La Paz 17 de Julio 1809)

Así esta escrito en el primer documento de índole revolucionaria-libertaria en toda América, proclamada un 17 de Julio de 1909 por el Sacerdote Medina. Hoy 196 años después, se celebra la proclama libertaria en medio de desazón y el inicio de una nueva historia que tiene, nuevamente, su eje puesto en La Paz.

No siempre es fácil comprender todas las complejidades que definen la identidad de esta ciudad; tampoco es fácil olvidarla. No hay visitante que no se sorprenda por su geografía, su cielo, su cultura, y no se lleve un imborrable recuerdo de su paso o su estadía por esta desparramada humanidad entre montañas.
Ciudad generosa. Aquí confluyen habitantes de todos los departamentos del país. Y todos encuentran algo que hacer.
Merecedora de mejor suerte, porque sus habitantes son gente de bien, de trabajo. En el último tiempo se ha asociado injustamente quizá a la ciudad con la imagen de inestabilidad y conflictividad que en realidad son rasgos distintivos del país y no de la ciudad. Pero es a La Paz a la que le toca llevar esa carga. Para triste paradoja de su sublime nombre. Es el elevado costo de tener a la sede de dos poderes del Estado entre sus calles.

¡Felicidades La Paz!
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Otros especiales:

La Paz, 1809: La Paz recuerda hoy el 196 aniversario del grito libertario lanzado por Pedro Domingo Murillo y los protomártires. Le invitamos a viajar en el tiempo para visitar la urbe de 1809, que aún trabajaba en la reconstrucción de sus puentes, casas e iglesias luego del cerco indígena de 1781; descubra sus rincones, la vida diaria de la gente, historias de horror y su vocación comercial que unió los mercados de Lima y Potosí...

La Paz a 196 años de la revolución que encaminó su libertad : Bajo la mirada imponente del nevado Illimani, la brisa gélida de la inmensidad azul del Titicaca, los valles de Luribay; Sorata, el paraíso perdido de Darwin, las penetrantes tierras yungueñas y la calurosa San Buenaventura al extremo norte, La Paz conmemora el 196 aniversario del grito emancipador de 1809...

El destino de la Fuerza

El destino de la Fuerza Empezó como un cine escapista para dejar atrás las atrocidades de Vietnam y Watergate que ignoraba olímpicamente la metafísica de 2001: Odisea espacial, pregonaba una religiosidad difusa y hundía el cine de autor que había reinado por una década. Pero 30 años después hizo algo aún peor: volvió. A pesar del milenarismo aggiornado de Matrix y la poderosa trilogía de El señor de los anillos, Star Wars ha multiplicado su poder de convocatoria, se ha convertido en una multinacional del merchandising y ha conseguido que millones de seguidores pagaran por algo que ya sabían que no les iba a gustar. El jueves que viene, con el estreno de La venganza de los Sith, la última entrega de la segunda trilogía en la que finalmente se verá el nacimiento de Darth Vader, el ritual masivo se repetirá (al parecer) por última vez.

Irving Thalberg –productor genial de la edad dorada de Hollywood, muerto joven, inspiración directa para El último magnate de Francis Scott Fitzgerald– lo supo antes que nadie. Thalberg dijo que la edad mental promedio del espectador norteamericano se correspondía con la inteligencia de un chico de doce años y que, por lo tanto, había que hacer películas que respetaran y comprendieran y fueran comprendidas por esa inocente criatura masticando popcorn en la luminosa oscuridad.

Varias décadas después, en 1977, el productor y director de cine George Lucas cristalizó como nadie el sueño de Thalberg. Y a casi treinta años del debut de Star Wars –con el estreno de la definitiva Episode III: Revenge of the Sith– el sueño continúa.

Y la pesadilla también.

Y a no confundirse: aquí no se trata de la fuerza del destino sino del destino de la Fuerza.

UNO Yo estuve allí. Yo tengo la edad justa y las inclinaciones correctas para ser un consumado jedi de la primera hornada. Yo vi la primera Star Wars –esa música triunfal, esas letras surgiendo desde el fondo de la pantalla y perdiéndose entre galaxias– el día de su première en un cine neoyorquino. Y sin embargo... no me gustó. Es decir: lo único que me gustó fue Darth Vader porque –suele ocurrir, interesante paradoja– los malos suelen ser los mejores tanto en una soap-opera como en una space-opera. Aquí me pongo a cantar y le canto a la electricidad de su cuerpo y de su uniforme mecánico imponente y la voz dark y asmática del coherentemente negro James Earl Jones completaban el monstruo.

¿Y por qué no me gustó Star Wars? Bueno, digamos que los personajes de Star Wars no tenían la gracia psicótica de Kirk y Spock en Star Trek (con el tiempo supe que Alec “Obi-Wan Kenobi” Guinness pidió casi de rodillas morir y no volver a la hora de una hipotética segunda parte y que Harrison Ford lanzó la inmortal frase: “George, tú escribes esta mierda; pero soy yo el que tiene que decirla”); la princesa Leia y su peinado (por más que al Ross de Friends le excitara) era lo menos sexy que jamás se había visto; y, claro, estaban esos dos robots –el calco de los daleks de Dr. Who que es R2-D2 y el plagio en versión macho de la autómata de Metrópolis que es C-3P0– francamente insoportables y quienes, por supuesto, no demoraron en inmortalizar sus huellas frente al Chinese Theatre.

Lecturas casi inmediatas me revelaron que Lucas había sido bastante menos que sutil a la hora de “inspirarse” en ensayos de Joseph Campbell y novelas de J. R. R. Tolkien y mística de westerns. Pero lo más grave de todo para mí entonces era que Lucas y su “mitología” se las habían arreglado para borrar de un plumazo láser los colosales frescos catedralicios que Stanley Kubrick había pintado con 2001: Odisea del espacio en 1968. Star Wars era, sí, como volver al más torpe Big Bang del género: espadas zumbantes, princesas, compulsión tecnológica, nombres absurdos, extraterrestres muy raros con el cutis de los que sólo consumen comida chatarra, y slogans supuestamente místicos. Un refrito de Flash Gordon procesando arquetipos primarios y torpes. Diré en mi defensa que a J. G. Ballard le pasó exactamente lo mismo y la alabó irónicamente como “pantomima high-tech”. Y por fortuna, pronto también se estrenaron otras películas como Encuentros cercanos del Tercer Tipo, Alien, Blade Runner y las remakes de Los usurpadores de cuerpos y The Thing que devolvieron al espacio exterior y profundo algo de su misterio existencialista. La evidencia definitiva de la tontería de Star Wars fue que la parodia de Mel Brooks no era graciosa: imposible parodiar lo que ya es ridículo.

Y, de acuerdo, El Imperio contraataca en 1981 fue mucho mejor que la primera y en perspectiva es la mejor de la serie por consenso absoluto; también, digámoslo, es la que menos dinero recaudó de todas. Y El regreso del Jedi (1983) me trajo el consuelo de que todo había terminado. De acuerdo, faltaba esa pesadilla de los peluches galácticos ewoks, los dibujos animados, las sucesivas series de muñequitos coleccionables (he leído sobre adictos que gastaron y gastan pequeñas fortunas en juguetes especialmente diseñados para adultos sin culpa ni vergüenza, y que compran tres ejemplares de cada uno: uno para jugar, uno para conservarlo intacto en su envoltorio original, y un tercero como inversión y que venderán en unos años a precio de antigüedad y obra de arte), el disco de villancicos siderales, el libro para niños de kindergarten y el ferviente deseo de millones de que Lucas volviera a hacerlo.

Mientras tanto y hasta entonces sucedieron varias cosas: el actor/presidente Ronald Reagan adoptó el nombre Star Wars para un impracticable pero aterrorizante programa de defensa y ataque estratosférico, y llegó –también surgido de la cabeza de Lucas, ya consagrado a su rancho diseñador de efectos especiales– el tanto más interesante y divertido y pulp Indiana Jones.

Y en 1992, George Lucas recibió por los logros de toda una vida el glorioso y canonizante Thalberg Award, bautizado en honor de aquel que comprendió antes que nadie que con la luz apagada sólo pueden hacerse dos cosas: crear niños o volver a ser niños.

Algo así.

DOS Todo esto para decir que en 1999 yo fui muy feliz al contemplar –desde cierta prudencial distancia– la desilusión de varias generaciones de fans ante la tan esperada Episodio I: La amenaza fantasma luego de acampar durante semanas para ver semejante basura. Algo así como descubrir que el dealer al que habían estado esperando les había vendido azúcar de repostería en lugar de polvo colombiano. Para ellos, supongo, fue lo más parecido a esperar una segunda venida de Jesucristo y que el tipo hubiera resultado ser igualito a Jim Carrey en sus momentos más extremos y he leído reportes de adoradores que salían corriendo del cine, aullando entre lágrimas: “¡Es horrible! ¡Es peor que horrible!”, o, simplemente, “¡Jar Jar Binks!”.

Y, sí, Natalie Portman era un gran avance si se la comparaba con la ahora escritora Carrie Fisher y a quienes algunos acusan de haber “pulido” el guión de La amenaza fantasma (incluyendo ese detalle perturbador de saber que nuestra querida Nat acabaría en la cama con ese insoportable y rubiecito Anakin Skywalker); pero ni el más dedicado creyente y defensor pudo soportar la afrenta del computarizado e intragable Jar Jar Binks, también conocido por los fieles como “Aquel Cuyo Nombre No Debe Ser Pronunciado” y que, después de todo, luce y suena igualito a un pariente lejano de nuestro Larguirucho de Trulalá. Jar Jar Binks fue “creado” por una de las hijitas adoptivas de Lucas (lo que llevó a un crítico a rebautizarla a la nena como “Freda Corleone: mala para la Familia”); fue definido por el ácido Anthony Lane en The New Yorker como “esa cosa con nombre de rapero fracasado”); y su irritante voz se la debemos al entusiasmo del actor Ahmed Best, un ex integrante de la compañía de danza Stomp, quien pensó que se haría rico y famoso y que ahora se esconde en las sombras y ni menciona la cuestión por temor a inevitables y más que merecidas represalias. Y otro craso e insalvable error: no había aquí ningún cínico Hans Solo funcionando como aquel que parece burlarse de todo el asunto sin tomárselo demasiado en serio.

Pero los motivos para el desencanto eran otros y eran más profundos: la primera trilogía había surgido de la necesidad escapista de dejar lo más atrás posible los descalabros de Vietnam y Watergate, inventando –de paso y en tándem con Tiburón de Spielberg– el concepto de summer-blockbuster y, según Peter Biskind en su indiscreto Easy Riders, Raging Bulls, acabando para siempre con los chicos salvajes y revolucionarios de los 60/70. Después de Star Wars, el cine de autor pasaría a ser cine de productor y Lucas –con la excepción de Indiana Jones y Tucker– produciría bodrios infames como Howard The Duck o Willow.

Cámara rápida y casi un cuarto de siglo después, Lucas volvía a dirigir; aunque lo suyo es más la compaginación de postales virtuales. Y La amenaza fantasma era más de lo mismo, pero en un paisaje ya saturado de efectos especiales (la mayoría de ellos creados por encargo en la fábrica Industrial Light and Magic del propio Lucas) que no consiguieron superar a la novedad de The Matrix, equivalente cool y muy milenarista de lo que había sido y significado la primera Star Wars allá lejos y hace tiempo y en una galaxia muy lejana. Neo era hijo bastardo de Philip K. Dick del mismo modo que Luke y Anakin eran retoños legítimos de la sci-fi más rancia y decadente. Y, claro, ganó el fantasma de Dick porque lo suyo estaba mucho más cerca de las psicóticas realidades alternativas en las que hoy vivimos. A muy pocos les interesa hoy lo que vendrá porque lo que vale es la ciencia no-ficción del presente.

Episodio II: El ataque de los clones (2002) convocó a los ‘N’Sync para una secuencia como caballeros jedi (otra idea de la hijita de Lucas que, por suerte, se quedó en el suelo de la sala de montaje) e intentó la variante de love story con batallas. Pero tuvo la mala suerte de enfrentarse –justicia poética y literaria– con la mucho más noble y mucho menos tecnificada en su factura trilogía El señor de los anillos de Peter Jackson. Superada la pasión tolkienística, cabe pensar que La venganza de los Sith –que se anticipa mucho más tenebrosa y darthvaderiana y a la que Lucas, astuto, ya definió como “la película que todos querrían haber visto cuando fueron a ver Episodio I”– tendrá mejor suerte y traerá el renovado alivio de un nuevo final que, según Lucas, a pesar de que así se anunció en un principio, no tendrá continuación en una futura trilogía que empalmaría directamente con la eufórica victoria y coronación en la última escena de El regreso del Jedi.

Aquí y ahora, en una galaxia cercana, lo cierto es que las seis películas –una detrás de otra– no tienen mucho sentido y que las lagunas y contradicciones en su trama son más grandes que agujeros negros. Lo que importa poco y nada. Y ya lo asentó el estudioso David Thomson –quien en su New Biographical Dictionary of Film define a Lucas como “el más triste de los magnates” y creador del “muzak cinema”– y aquí lo vuelvo a decir yo citándolo no a ciegas sino con los ojos bien abiertos: “No tengo nada que decir sobre Star Wars porque no hay nada que decir sobre Star Wars salvo ‘¡Wow!’. Son películas sobre robots –incluyo en este grupo a gente como Liam Neeson y Samuel L. Jackson– que dentro de no demasiado tiempo serán disfrutadas por robots”.

TRES Y, claro, ante la hecatombe de La amenaza fantasma abundaron las interpretaciones sociológicas: los que habían sido niños a la altura de la primera –la ahora rebautizada como Episodio IV: A New Hope– eran cuarentones que aspiraban a que la serie hubiera crecido junto con ellos y de pronto se encontraban con una película con un nenito como héroe y cuyo argumento giraba básicamente alrededor de los problemas para conseguir repuestos para una nave descompuesta. El horror de ellos –Lucas no es tonto– fue la felicidad de sus hijos, quienes se identificaron con el pequeño Anakin corredor de vertiginosas carreras, se hicieron adolescentes con el primer beso a Padme Amidala y ahora se adentrarán en las oscuridades de la adultez con el estreno del casco negro más famoso en toda la historia del cine.

Y entonces, a oscuras, padres e hijos, por fin, serán felices al mismo tiempo, y hasta podrán discutir a golpes acerca del gran agujero negro en todo el asunto: el enigmático origen de Anakin. Conocemos a su madre, pero no a su padre. ¿Es Anakin un sucedáneo galáctico de Cristo? No hace mucho, durante el rodaje de La venganza de los Sith, Lucas –padre legítimo y dueño del copyright de la criatura– se pronunció acerca del misterioso misterio: “Se trató de un nacimiento virginal dentro de un ecosistema de relaciones simbióticas. Significa que entre la Fuerza –que es una suerte de fuerza vital– y la realidad se produjo una conexión que no es otra cosa que lo que conocemos como mitocloriano. Algo más o menos basado en las mitocondrias, especies diferentes de animales completamente distintos que, aun así, viven en una única célula que les permite reproducirse y vivir. Estas células, a su manera, también se pueden comunicar con la Fuerza. Cuantas más células, más comunicación con la Fuerza. Así que, para terminar, yo diría que fue la Fuerza quien generó a Anakin. Y con esto basta. No quiero profundizar en detalles o etiquetas; sólo agregaré que en la gestación de Anakin está implícita una de las leyes fundacionales de la odisea del héroe”.

Ah.

CUATRO El lanzamiento de este tercer episodio y sexta película –recuerdo del futuro, déjà-vu del fast-forward– nos devolverá novedosas experiencias de lo ya experimentado: asombrosos combates y parlamentos vergonzantes, flamantes modelos para armar y coleccionar, exhaustivo making off, enumeración de millones de dólares gastados y recaudados, actualización de la inevitable enciclopedia, relanzamiento de la segunda/primera trilogía en DVD con una cantidad insalubre de extras, las portadas de todas las revistas especializadas, así como la ya ritual tapa desplegable de Vanity Fair a cargo de Annie Leibovitz, la promesa de reestrenos de todo lo anterior en 3-D, los eternos y polémicos chats en esa eterna medianoche que es Internet donde crecen los rumores de futuras series de televisión (una con actores y otra con dibujos animados) y lucubraciones conspirativas sobre ese virtual Expediente X que es el Star Wars Holyday Special de 1978 (cuya existencia Lucas niega hoy con pasión stalinista), y susurros en cuanto a que Lucas experimenta en su Xanadú/Shangri-La/Eldorado/Skywalker Ranch con tecnología de avanzada que permitirá resucitar a actores muertos (de hecho, aquí y ahora, en La venganza, tenemos un avance de lo que vendrá con la invocación digital del finado Peter Cushing) y que sueña con dirigir/producir una película protagonizada por Humphrey Bogart, Marilyn Monroe y James Dean.

Lo que no reducirá, claro, el verdadero valor y la certera importancia de Star Wars como revelador artefacto histórico. Y ahí está ese interesante libro de ensayos –A Galaxy Not So Far Way (2002)– donde gente como el novelista Jonathan Lethem, el director Kevin Smith o el crítico Tom Carson analizan el impacto de la Fuerza Jedi sobre sus obras y vidas y aventuras. Y por sus páginas se cuela, también, una anécdota referida por Alec Guinness en A Positively Final Appearence, el último volumen de sus diarios. Allí, el actor inglés recuerda que, durante un paseo, una madre se le acercó con su hijo de doce años quien, orgulloso, proclamó: “He visto Star Wars más de cien veces”. A lo que Alec Wan-Kenobi le respondió: “Te ordeno en el nombre de la Fuerza que no vuelvas a verla nunca más”. El niño, por supuesto, rompió en llanto. Y el actor apuntó: “Ese muchacho ahora tendrá unos treinta años y espero que no viva en un infantil mundo de fantásticas banalidades de segunda mano”.

Para bien o para mal –descanse o no en paz, Sir Guinness–, ahora todos vivimos en ese mundo.

Para empezar, Star Wars equivale al triunfo del nerd. Se sabe –otra vez, el libro de Biskind– que Scorsese, Coppola, De Palma & Co. no tomaban en serio a Lucas. De hecho, De Palma se rió a carcajadas en la cara de Lucas cuando éste la proyectó en una sesión privada a sus amigos. “Vas a vaporizar a la audiencia”, se rió De Palma. Se sabe, también, que Lucas rió último y mejor, y que Spielberg le dijo: “Es algo grande; vas a ser millonario, George”. Y no es casual que Lucas haya optado por no dirigir El Imperio contraataca y El regreso del Jedi, prefiriendo producirlas y aguardar a estos tiempos informáticos donde lo suyo es dirigir produciendo. Lucas –aquí y ahora– es el equivalente de Bill Gates a la hora de la pantalla más grande. Y, de acuerdo, no estaría mal ser Steven Spielberg –es fácil de encontrar el eslabón perdido entre uno y otros, entre los “artistas” y el “visionario”–, pero nada ni nadie es perfecto. Aquí y ahora, Lucas –controla todos y cada uno de los aspectos de sus films, incluyendo hasta la patente del diseño de sus propias cámaras de grabar y no de filmar– es el más rico y poderoso de los cineastas indies. Sólo se ve obligado a rendirse ante la imprescindible distribución de la Fox; porque la profecía lucasiana de que para estos días y matinées todos los cines tendrían proyectores digitales –proyectores que él mismo alimentaría enviando copias de la película por Internet desde su guarida californiana– no se ha hecho realidad aún.

Para continuar, en 28 años de combate, la serie Star Wars lleva recaudados más de 3400 millones de dólares. Y sólo la venta de merchandising relativo a Episodio III facturará unos 1500 millones de dólares.

Para terminar, Lucas ha sido el responsable directo de lo que se conoce como el más impensable éxito de público y fracaso de crítica a lo largo de casi treinta años y del más grande shock milenarista en la historia de los Estados Unidos sólo superado por el 11 de septiembre de 2001 y las dos victorias sucesivas de George W. Bush. Es decir: La amenaza fantasma, película que fue un éxito de público y un horror sin precedentes a la hora de vender toneladas de merchandising. En especial, sí, los productos relativos a Jar Jar Binks, a quien Lucas continúa no sólo defendiendo sino definiéndolo como su máximo orgullo y contribución al cine por tratarse del primer personaje digitalizado al ciento por ciento. Lo que significa que los actores de carne y hueso no tuvieron que padecerlo –como nosotros– durante la filmación de estos tres Episodios, aunque Liam Neeson declaró públicamente que casi se retira de la profesión luego de sufrir durante meses, sable jedi en mano, frente a una pantalla azul surcada por magia industrial de luces y rayos y centellas.

Y para seguir:

George Lucas tiene un breve cameo con la cara azul y con el nombre de Barón Papanoida. Y su hijo, Jett Lucas, también.

Y Darth Vader es tapa de Time y de todas las publicaciones especializadas (y, curiosamente, con ese aspecto tan apropiado, de ninguna revista S&M).

Y aquí viene otra vez y otra vez lo mismo que terminará justo donde empezaba aquella primera entrega, renovando mi desconcierto ante algo que sigo sin comprender tantos años después: si Darth Vader es tan poderoso e inteligente... ¿cómo no se le ocurrió buscar y encontrar rapidito a su hijo Luke Skywalker viviendo de lo más tranquilo en la desértica granja de su padrastro/tío Owen Lars? Es decir: a la hora de averiguar dónde está un hijo en una noche llena de guerras y estrellas, lo primero que uno hace es llamar a familiares, ¿no?

Quién sabe.

Qué importa.

Alguien, seguro, hablará de la pérdida de la inocencia o la recuperación de la furia al salir de ver La venganza de los Sith.

Tal vez por eso volvemos –y volveré– otra vez.

Volver para poder volver.

Ya saben:

Expectativa y frustración.

Doce años.

¡Wow!

Al mejor estilo de algún cajón de prensa, el articulo de Rodrigo Fresán en Pagina 12. Un poco tarde, pero valía la pena.

Palabras de poder

Palabras de poder El poder político, militar y económico ha marcado la vida del planeta a lo largo de la historia.
Los cambios de éste en la última década están configurando el nuevo escenario para el Siglo XXI.

Yo todopoderoso

El origen perdido – polémica de un libro no leído

El origen perdido – polémica de un libro no leído Cuando buscas un libro... que es lo primero que te enamora a primera vista?. En algunos casos enamora el titulo, pero al igual que en las películas, con su trailer, el verdadero enamoramiento surge con el minúsculo resumen del libro, te dan pocas líneas para que vayas imaginando de la trama del libro... no muestran ni mucho, ni poco, muestran lo necesario para que te den ganas de abrirlo y devorarlo pagina por pagina.

Y gracias al Internet, puedes enterarte también de todo lo que te pueden ofrecer los libros o como lo ha tomado la critica y dependiendo del resultado, dependen también las ventas y es ahí donde te das cuenta que no por ser el mas vendido se convierten en los mejores (se han cometido varios crímenes con las estadísticas de venta).

Otro plus también va de la polémica que causen los libros buscados "mientras mas polémica, mas venta" y por consiguiente se abre paso a paso el camino a ser un best seller.

Pero a que viene el montón de palabras que no dicen nada. Pues simple, a raíz del articulo publicado en El forastero donde analiza el libro "El Origen Perdido" de Matilde Asinse, me dedique a buscar un poco mas allá del libro, porque de verdad me impresiono que una española se diera el tiempo para escribir una novela de tipo detectivesco-ficción-realidad, estilo El Código Da Vinci y con esos salpicones de los buscadores de tesoros al estilo Indiana Jones, como leo en varias y distintas opiniones del mismo libro.
Para comenzar el resumen del libro te atrae:

"Una extraña enfermedad que ha dejado a su hermano en estado vegetativo lleva al hacker y empresario informático Arnau Queralt a emprender una investigación arqueológica para encontrar el remedio. De forma sorprendente, se verá inmerso en una aventura que le llevará a la historia del Imperio Inca, las ruinas de Tiwanacu y la selva amazónica, tras las huellas de una civilización perdida. El lector sigue con Arnau y sus amigos, Marc y Lola, este viaje a través del conocimiento, descubriendo algunos misterios sin resolver en la historia de la Humanidad, las paradojas de la Teoría de la Evolución y el verdadero papel de los españoles en la conquista de América.
Una novela deslumbrante que reta al lector a un juego de inteligencia y le conduce hasta una meta cuya clave está en el poder de las palabras."


Y las opiniones que se repiten en la red, también atraen:

Matilde Asensi - El origen perdido
Elmundolibro.es

“La nueva reina española del bestseller de calidad”: así calificaba a Matilde Asensi su antigua editorial, Plaza & Janés, cuando publicaba novelas suyas como ‘El último catón’ o ‘Iacubus’. Esta escritora alicantina, que quizá se convierta en el fichaje más rentable de Planeta de los últimos años, vuelve a las librerías con ‘El origen perdido’, una narración protagonizada por un hacker.

"Arnau Queralt es un informático que debe emular a Indiana Jones –o a Lara Croft– si quiere intentar descubrir el mal que ha dejado postrado a su hermano. Escoltado por dos amigos, Lola y Marc, Arnau emprende una estimulante y fascinante investigación, que conduce al lector al Imperio Inca y al Amazonas y que revela sorprendentes enigmas históricos. Matilde Asensi garantiza una lectura entretenida con este cocktail de intriga y historia. "

Para los lectores que quieran descubrir que la clave está en el poder de las palabras.


Las opiniones son tan diversas y variadas como las paginas en la red que se han abierto para analizar el libro.

Pero yendo un poco mas allá me encuentro con que el libro causa polémica por un posible plagio. Pablo Cingolani, en su blog, documenta que el libro de Asensi es una copia de sus estudios realizados en septiembre del 2000:

" En septiembre de 2000, Pablo Cingolani publicó en El Juguete Rabioso (1) un breve ensayo que se tituló “Viaje al mundo perdido”, donde anunciaba el inicio de la primera Expedición al Madidi. Tres años más tarde, apareció una novela titulada El origen perdido de la española Matilde Asensi, un éxito de ventas que es presentada por la Editorial Planeta como “una obra que revoluciona el género de aventuras”.

Lo que no dice la casa editorial –obviamente– es que Asensi tomó gran parte de los elementos y argumentos que construyen la trama y desenlace de su novela de los materiales (memorias, relatos, crónicas y entrevistas) y archivos de las expediciones al Madidi que realizó el periodista e historiador Pablo Cingolani y su equipo de expedicionarios.

Después de una lectura y cotejamiento entre el contenido de la novela El origen perdido y los archivos de la Expedición Madidi se puede hablar de uso indebido de propiedad intelectual, hecho sancionado por la ética y por las leyes. Según el Código Penal español, “Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años o de multa de seis a veinticuatro meses quien con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios” (2)."


Parece que el libro tiene lo suyo, aun no lo he leído, aunque hoy mismo iré a buscarlo en la librería mas cercana a mi barrio. El resumen me enamora, los análisis también, la polémica lo dejo para los involucrados. Pero leeré una buena historia, o espero que así sea, con bases en Bolivia y sus culturas antiguas después de mucho tiempo... este seria uno mas de los libros extranjeros inspirados en Bolivia, de esos que salen de tiempo en tiempo.

¿Qué nos ofrecen los medios? - Contra el lenguaje basura (*)

¿Qué nos ofrecen los medios? - Contra el lenguaje basura (*) 1. Se sabe que el erotismo sugiere. Que, al sugerir, seduce. Que, al seducir, embriaga, juega con los sentidos por medio de la imaginación. Que nos deja librados a nuestra libertad. Que, en fin, nosotros, desde nuestro deseo, deberemos completar la imagen. La pornografía no sugiere ni seduce ni embriaga. La pornografía es directa, es brutal, abomina la imaginación porque abomina y desdeña al receptor. No le concede la libertad de la imaginación, el juego de la fantasía. No le concede nada a su propia creatividad. No hay creatividad. Sólo hay explicitez, visibilidad infinita, o sea, obscenidad. Obsceno es lo que exhibe todo. El erotismo estructura artísticamente al sexo. La pornografía lo exhibe con tosquedad, con un pretendido realismo que sólo es ausencia de estética, negación del goce, reclamo brutal de lo primitivo, de la fiesta áspera y hormonal de lo primario.
Lo mismo con el lenguaje. No hay palabras “malas” ni hay palabras “buenas”. Hay palabras. Lo que determina que una palabra sea valiosa o sea una cloaca es la estructuración del lenguaje. Las palabras se “organizan” para transmitir. El comunicólogo transmite. Si está al servicio de una estética porno, primaria, y hasta bestial y agresiva arrojará palabras incluidas en contextos primarios, de un pretendido realismo que sólo es el pretexto de la pornografía del lenguaje. Los medios de comunicación están en manos de cultores de la estética de la basura. Se habla, sin mesura alguna, con orgullo incluso, de la televisión basura. La televisión basura está hecha por emisores basura para receptores basura, o que muy pronto lo serán. Detrás de una pretendida autenticidad popular se encubre el más tosco de los primitivismos, la falta de elaboración, la frontalidad sin matices, la falta de ingenio. Ninguno de estos comunicadores-basura tiene ingenio, ni talento. Sólo se limitan a reproducir (con un realismo extremo: tal como la pornografía) los aspectos más ásperos, más directos de una cultura que no lo es, de una estética de la no elaboración, de un arte que detesta el arte porque no sabe hacerlo y porque es más fácil copiar la basura, copiar el lumpenaje, la marginalidad extrema que expresarla en un contexto que la respete. El realismo basura no respeta lo que exhibe. Lo exhibe tal como dice que es. Pero ni siquiera “esa” realidad tiene la impureza, la tosquedad que los medios le otorgan. Porque lo más dañino que hacen los medios es una organización cloacal de la realidad.
Los sectores populares no viven puteando y hasta a veces suelen colocar una puteada con una gracia y una justeza a la que ni por asomo llegará el comunicador obsceno, que sólo busca lo directo, lo que golpea, lo que, incluso, asombra. De esta forma, el ciudadano medio que escucha a los comunicólogos cloaca con frecuencia no puede creer lo que escucha. Se ríe de la guasada y, a la vez, se asombra de que se llegue a tales extremos.
Bien, la pregunta es: ¿por qué se llega hasta ahí? Porque la basura es fácil y la basura vende. Un negocio en verdad redondo. Así, cada vez el receptor pedirá más basura. Como una comida cuyo condimento se aumenta día a día y llega por fin el instante en que nada alcanza. ¿A dónde piensan llegar los comunicólogos cloaca? Hasta donde sea necesario para seguir sumando rating. Ganando dinero con la basura.
Lo grave de la basura es que crea más y más basura. Cada vez los medios serán más cloacales y los receptores, para saciarse, necesitarán más explicitez, más frontalidad, más pornografía, en suma, más mierda. Una vez aquí, hundidos en la impecable mierda que día a día alimentan nuestros medios, no sabremos cómo salir porque viviremos, sin siquiera saberlo, sumergidos en ella.
Que quede bien claro: ésta no es una lucha entre puritanos que se asustan de las malas palabras y auténticos comunicadores populares que hablan el lenguaje del pueblo. Es una lucha entre gente decente y mercaderes impúdicos, traficantes de pornografía y apasionados, fanáticos envenenadores de conciencias, aniquiladores de ese pueblo que dicen representar y que, ante todo, si algo merece, merece que sea otra la gente que le dirija la palabra.
Si los medios son mediáticos es porque no son inmediatos, sino porque esa “mediatez” es creatividad, elaboración, arte popular o cualquier otra forma de arte. Pero arte, no pornografía.

2. Pocas cosas superan un ejemplo que golpea en el punto exacto. Como (me permitiré insistir en esto) los comunicadores cloaca se defenderán diciendo que están frente a dinosaurios puristas, frente a censores encubiertos o frente a beatos de la lengua obsesionados por su uso santo y virginal, recurriremos a un ejemplo, tomaremos una palabra fuerte, ruidosa, con porte de vendaval y llena de sonido y de furia, como Shakespeare, en Macbeth, imaginaba la historia. La palabra es la palabra “pedo”. ¿Es buena, es mala?
Ni una cosa ni la otra. Si la usan dentro de la estética comunicacional cloaca será mala porque se apelará a su aspecto abiertamente gástrico, a su cualidad para el insulto torpe y desdeñoso, a la risa fácil que despierta. (El público está tan maltratado en esto que no bien escucha un insulto, una grosería, una puteada brutal, se ríe. Es una ley del show business guarango: por cada puteada cien carcajadas fáciles. Los cómicos de las revistas lo saben: cuando se te acaben los chistes, cuando ya no sepas cómo hacer reír al público, decite una puteada: la platea reirá, ya están condicionados a eso como lo estaban los perritos de Pavlov para salivar ante la comida).
Volvamos a la palabra-vendaval. En 1991 publiqué una novela, El cadáver imposible, narrada por un señor —en efecto— casto, puritano y, por consiguiente, bastante bobo. El hombre, el narrador, no quiere escribir esa palabra fea, la palabra “pedo”. Escribe, entonces, “ventosidades ruidosas”. Esta expresión es más cloacal que “pedo” porque revela el espíritu reprimido, inquisitorial y clerical medievalista de quien la instrumenta. La cuestión, con las palabras, reside en el talento y el arte para usarlas. Eso las vuelve buenas o malas. Francisco de Quevedo y Villegas, que estudió con los jesuitas, murió en 1645 y nunca supo nada, pero nada de la tele basura. Escribió: “El pedo es tan importante / para la salud/ que en soltarle/ está el tenerla”. Y Leopoldo Marechal, que hizo de la cultura helénica la suya, cierra su Adán Buenosayres con una frase que es, sin duda, un vendaval de gracia y talento: “Solemne como pedo de inglés”. Si alguno de nuestros comunicadores cloaca lograra, alguna vez, incluir una “mala” palabra en una frase de tal ingenio, no sería eso, no sería un comunicador basura, sería un artista y bien ganada tendría la permanencia en su puesto. Si no sabe hacerlo, que le haga entonces un sencillo favor a la cultura de este país tan necesitado de actos generosos, de desprendimientos patrios: que se vaya.

(*) Del ensayo de José Pablo Feinmann.

Recordando también a un comic de Calvin & Hobbes y el sensacionalismo, con una de mis discretas opiniones.
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Los 100 libros mas notables de la literatura mundial

Leyendo a los 3 Demonios Enjaulados de Du Veth, me encuentro con una lista bastante peculiar para los amantes de los "libros y letras" y también para los que buscan una referencia sobre los libros que deberían leerse con prioridad en caso de un pronosticado fin del mundo.

A Du Veth, según leo, se le hizo un poco complicado encontrar la lista que nació de una encuesta realizada por el Club Noruego del libro (que hace unos años elegía al Quijote como el mejor libro de todos los tiempos) y el Instituto Nóbel para recoger esos títulos esenciales de la literatura mundial.

Comparto con muchos de ellos es mas adjuntaría quizás algunos otros títulos y hasta ahora me pregunto donde quedo la Biblia pero en fin, ahí les va la lista que tan placidamente copio de esos 3 Demonios Enjaulados.

1.- Todo se derrumba (Chinua Achebe)
2.- Cuentos de hadas y otras historias (Hans Christian Andersen)
3.- Orgullo y Prejuicio (Jane Austen )
4.- Papa Goriot (Honore de Balzac )
5.- Molloy (Samuel Beckett )
6.- Malone Muere (Samuel Beckett )
7.- El innombrable (Samuel Beckett )
8.- Decameron (Giovanni Boccaccio )
9.- Obras completas (Jorge Luis Borges )
10.- Cumbres borrascosas (Emily Bronte )
11.- El extranjero (Albert Camus )
12.- Poemas (Paul Celan )
13.- Viaje al fin de la noche (Louis-Ferdinand Celine )
14.- Don Quijote (Miguel de Cervantes Saavedra )
15.- Los cuentos de Canterbury (Geoffrey Chaucer )
16.- Nostromo (Joseph Conrad )
17.- La divina comedia (Dante Alighieri )
18.- Grandes esperanzas (Charles Dickens )
19.- Jacques el fatalista (Denis Diderot )
20.- Berlin Alexanderplatz (Alfred Doblin )
21.- Crimen y castigo (Fyodor M. Dostoevsky )
22.- El idiota (Fyodor M. Dostoevsky )
23.- El poseido (Fyodor M. Dostoevsky )
24.- Los hermanos Karamazov (Fyodor M. Dostoevsky )
25.- Middlemarch (George Eliot )
26.- El hombre invisible (Ralph Ellison )
27.- Medea (Euripides )
28.- Absalom, Absalom (William Faulkner )
29.- El ruido y la furia (William Faulkner )
30.- Madame Bovary (Gustave Flaubert )
31.- La educacion sentimental (Gustave Flaubert )
32.- Romance gitanero (Federico Garcia Lorca )
33.- Cien años de soledad (Gabriel Garcia Marquez )
34.- El amor en tiempos del colera (Gabriel Garcia Marquez )
35.- Gilgamesh (anonimo )
36.- Fausto (Johann Wolfgang von Goethe )
37.- Las almas muertas (Nikolai Gogol )
38.- El tambor de hojalata (Gunter Grass )
39.- Grande sertão: Veredas (Joao Guimaraes Rosa )
40.- Hambre (Knut Hamsun )
41.- El viejo y el mar (Ernest Hemingway )
42.- La iliada (Homer )
43.- La odisea (Homer )
44.- Casa de muñecas (Henrik Ibsen )
45.- El libro de Job
46.- Ulises (James Joyce )
47.- Obras completas (Franz Kafka )
48.- El proceso (Franz Kafka )
49.- El castillo (Franz Kafka )
50.- El reconocimiento de Sakuntala (Kalidasa )
51.- El clamor de la montaña (Yasnuri Kawabata )
52.- Zorba el griego (Nikos Kazantzakis )
53.- Hijos y amantes (D.H. Lawrence )
54.- Gente independiente (Halldor K. Laxness )
55.- Poemas completos (Giacomo Leopardi )
56.- El cuaderno dorado (Doris Lessing )
57.- Pippi Longstocking (Astrid Lindgren )
58.- Diario de un loco y otras historias (Lu Xun )
59.- Mahabharata
60.- Hijos de nuestro tiempo (Naguib Mahfouz )
61.- Los Buddenbrooks (Thomas Mann )
62.- La montaña majica (Thomas Mann )
63.- Moby Dick (Herman Melville )
64.- Ensayos (Michel de Montaigne )
65.- Historia (Elsa Morante )
66.- Beloved (Toni Morrison )
67.- Romance de Genji (Shikibu Murasaki )
68.- El hombre sin atributos (Robert Musil )
69.- Lolita (Vladimir Nabokov )
70.- Saga de Njals
71.- 1984 (George Orwell )
72.- Metamorfosis (Ovid )
73.- El libro del desasosiego (Fernando Pessoa )
74.- Cuentos completos (Edgar Allan Poe )
75.- En busca del tiempo perdido (Marcel Proust )
76.- Gargantua y Pantagruel (Francois Rabelais )
77.- Pedro Paramo (Juan Rulfo )
78.- Mathnawi - Daylight (Jalal ad-din Rumi)
79.- Los niños de media noche (Salman Rushdie )
80.- El huerto (Sheikh Musharrif ud-din Sadi )
81.- Temporada de migraciones al norte (Tayeb Salih )
82.- Ensayo sobre la ceguera(Jose Saramago )
83.- Hamlet (William Shakespeare )
84.- El rey Lear (William Shakespeare )
85.- Otelo (William Shakespeare )
86.- Edipo rey (Sophocles )
87.- Rojo y negro (Stendhal )
88.- La vida y opiniones de Tristram Shandy (Laurence Sterne )
89.- Confesiones de Zeno (Italo Svevo )
90.- Los viajes de Gulliver (Jonathan Swift )
91.- La guerra y la paz (Leo Tolstoy )
92.- Anna Karenina (Leo Tolstoy )
93.- La muerte de Ivan Ilyich y otras historias (Leo Tolstoy )
94.- Historias seleccionadas (Anton P. Chekhov )
95.- Las mil y una noches
96.- Las aventuras de Huckelberry Finn (Mark Twain )
97.- El Ramayana (Valmiki )
98.- La eneida (Vergil )
99.- Leaves of Grass (Walt Whitman )
100.- Mrs. Dalloway (Virginia Woolf )

¿Dónde vamos después de la muerte? - Aldo Luna Maceda

¿Dónde vamos después de la muerte? - Aldo Luna Maceda Abrir sus páginas es como abrir los camposantos para escuchar las voces de ultratumba y ver fantasmas. Sabemos que los humanos tenemos cuerpo y alma, lo que origina cuestionamientos entre la religión y la ciencia, el espíritu y la materia, los espiritualistas y los materialistas. Los investigadores de la ciencia y la tecnología, a pesar de sus grandes avances en las últimas décadas, son jóvenes todavía para entender los enigmas y misterios de Dios, de la religión y del alma, que vienen desde la noche de los tiempos.

Hay vivencias sobre la lucha del bien contra el mal, en las rutas para llegar al premio del cielo o al castigo del infierno, que tienen diferentes nombres en las religiones y tiempos, desde la nirvana de los budistas hasta el reino de los cielos de los cristianos, o el averno o abismo de las tinieblas.

El escritor, Luna Maceda, menciona que en civilizaciones antiguas, como de los babilonios, etruscos, egipcios y sumerios, sabían que la vida no terminaba en este mundo terrenal, sino que había otra existencia, celestial. En los siglos IV y V antes de Cristo, los filósofos griegos materialistas, como Demócrito y Epicuro, decían que en el momento de la muerte, el alma y el cuerpo se disolvían al mismo tiempo, como los científicos materialistas de nuestros tiempos afirman que la vida humana acaba en el polvo de los cementerios.

Los teólogos e investigadores del espíritu sostienen que el cuerpo como toda materia se descompone y termina con la muerte, y el alma se proyecta a través de diferentes instancias, sea el Limbo, Purgatorio o Cielo, para tener una vida eterna junto a la luz de Dios.

Desde los antiguos investigadores hasta los gnósticos recientes, como Samuel Aun Weo, o los actuales escritores como Dan Brown, autor de Angeles y Demonios y El Código Da Vinci, afirman la existencia de vida más allá de la muerte. Llegamos a la conclusión de que creer o no en la existencia de Dios, de almas o espíritus, es decisión personal.

Luna Maceda en su libro "¿Dónde vamos después de la muerte?" nos presenta experiencias reales de científicos o legos, de poderosos y humildes, de iniciados o profanos, de religiosos o ateos. Ellos nos cuentan que en estos momentos hay fantasmas en el Palacio de Gobierno, en el Teatro Municipal de La Paz, en la Morgue del Hospital de Clínicas, así como en los fortines Machareti y Carandaity, que en noches de tinieblas son escuchados los gritos de los muertos en los combates de la Guerra del Chaco.

La historiadora y distinguida dama paceña Genoveva Loza Balsa relata que el alma del muerto paga a los que les hicieron favores en vida. El Dr. Mario Guaraz con su excelencia de médico cuenta que en una noche fría, cuando estaba en Estados Unidos recibió la despedida de un amigo que moría en La Paz, Bolivia. El fraile Juan de Alvenia cuando daba una misa con mucha devoción por los fieles difuntos, vio que de la hostia consagrada salían almas para ir al cielo. En nuestras sociedades se habla también de "almas en pena" y "almas en pena". Luna Maceda recoge en su libro testimonios de protagonistas reales y las almas son actores de nuestras vivencias.

De los libros que raramente salen ultimamente en Bolivia.

Solo en Bolivia: Se transcriben cartas de renuncia

Mientras leo suelto una carcajada y con esta irresistible reacción, me vuelvo en el centro de atención de la decena de personas que comparten el café Internet conmigo.

La reacción no podía ser disimulada al leer la columna del humorista Paulovich que con cierta frecuencia escribe en la editorial de La Prensa, la columna lleva por titulo MODELO DE CARTA DE RENUNCIA, donde cuenta de sus quehaceres diarios empapados de su basta imaginación y su toque humorístico criollo...

El humorista relata la trascripción de una carta de renuncia de un diputado, que debido a la coyuntura política actual en Bolivia decide tomar tan drástica desicion y para empezar la carta se sitúa "dentro" la cabeza del diputado.

Solo les pongo el contenido de la carta pero de todos si quieren leerla completa (con relato y todo) visiten el sitio de null.

La Paz 21 de Junio de 2005

Al señor Precedente de la Honorable Cámara de diputados
Presente.-

Honorable señor Precedente y amigo del alma:


Con mucho dolor de mi corazón le dirijo la presente carta, esperando que al recibirla se encuentre bien de salud, dinero y amor en compañía de su noble y virtuosa esposa y también de sus compañeros del glorioso partido rebolusionario en el que usted milita valiente y patrióticamente desde hace varios años.
El motivo de mi mesiva no es otro que el de presentarle mi renuncia irrebocable de mi mandato deputadil al que llegúe por botación popular en las húltimas erecciones generales.
El motibo que me himpulsa a adoptar esta determinación es fasilitar las erecciones generales que deberían ser combocadas en corto plazo, dando así una prueba más de mi patriotismo y desprendimiento, aunque tengo la esperanza de seer elegido nuevamente por mi pueblo y así continuar gozando del ítem que me corresponde como Honorable Deputado Nacional.
Consta, señor Precedente, en las actas y memorias de nuestra gloriosa Cámara que he contribuido con mi boto a la aprobación de leyes importantes como la ley de Hidrocaburos, y la Historia sabrá de la importancia de mi boto en esa ley que ahora nos ha quedado chica.
Le ruego que esta mi carta de renuncia sea conocida por el pleno de nuestra Cámara gloriosa, multicolor y multisigno.
Me despido con un “Viva mi patria Bolivia, una gran nación, por ella doy mi vida, también mi corazón”.

Veo un museo de grandes novedades...

“Yo veo un museo de grandes novedades, yo veo el país entero convertido en un putero”.
Cazuza

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