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Una vida, un sacrificio, una muerte... un mensaje

El sol moría lentamente en el horizonte, mientras el hombre santo aun no podía comprender el porque de su misión.
Su fe y el amor que profesaba eran infinitos, pero aun en esa pureza dudaba por primera vez de su religión y de su padre… “Eloi, Eloi lema sabaktani ”!!!!! había dicho entre su lucha entre su dolor carnal y su fortaleza espiritual.
De sus labios aun corrían gotas del vino mezclado con hiel que le dieron a beber… pasos mas allá, en las sombras, el hombre profano miraba con cierta sonrisa siniestra.
Ha ido a donde el Padre quería; ha predicado cuando, donde y por el tiempo que el Padre quería; ha hecho los milagros que el Padre quería; ha elegido a los hombres que el Padre le indicó; ha predicado la verdad y la justicia, como el Padre quería; ha vivido conforme a lo que predicaba, para agradar a su Padre; ha sufrido los tormentos indescriptibles de la pasión y de la cruz; ha cumplido las Escrituras. Ahora ya puede expirar como un soldado valiente que ha combatido el buen combate y que grita: Adsum!... Hecho esta.
Su fuerza se había desvanecido, pero su fe seguía manteniéndolo con vida… sus labios pronunciaban una oración silenciosa que solo el entendía, una oración silenciosa que buscaba las ansias redentoras y misericordiosas del Padre y del Hijo unidos al Espíritu Santo.

A ti, Señor, me acojo; no quede yo defraudado...
Sé para mí roca de cobijo y fortaleza protectora...
guíame y condúceme, por el honor de tu nombre...
En tus manos encomiendo mi espíritu;
tú, Señor, el Dios fiel, me rescatarás.

El hijo del hombre siente desfallecer y encomienda su espíritu a su padre,… no como lo haría un vasallo con su rey, sino la de un hijo para con su Padre. No se abandona a las manos poderosas de Yahvéh, el Señor de los ejércitos, el rey de las naciones, sino en las manos tiernas y benditas de su Padre.
Y el cuerpo se desploma, despojado ya del alma que lo sostenía con un aliento de vida. Es la ofrenda del sacrificio total, del holocausto. Lo ha dado todo para la salvación de los hombres. Y en la cruz sólo queda el cuerpo colgado de tres clavos y la cabeza caída. El hombre bendito es ya un cadáver entre los hombres.
Al llegar la hora sexta, la tierra entera quedó en tinieblas hasta la hora nona…
En medio de las tiniebla la muerte de Cristo tiene como un eco en la tierra que tiembla. Se estremece el infierno y su rechazo de Dios. Se estremecen los diablos que han sido definitivamente vencidos. Se estremece la muerte que ya no tiene poder sobre los hombres. Se estremece la tierra como si la creación no pudiese comprender lo que acababa de ver en su creador que se entrega por los hombres. Así se celebra la victoria sobre la muerte. La muerte absorbida por la vida, así se cumplió lo profetizado: "¡Muerte! ¡Yo seré tu muerte!"

La muerte y el sacrificio por un mensaje… el amor, que después de centurias el hombre no termina de entender...

Rolando López T.
Hecho a base de pasajes bíblicos.
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