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"Un fenómeno siempre remite a la serie infinita de sus apariciones" Quizá por estar en estas primeras fases, el fenómeno en sí mismo resulta inabordable, decía sartre que "un fenómeno siempre remite a la serie infinita de sus apariciones" y en éste, aunque sea de carácter literario, lo de las "infinitas apariciones" se cumple al pie de la letra. Pero si hay algo que define a las bitácoras es que estamos en presencia de una gran explosión de libertad creativa, cada cual escribe como le parece y lo que le parece, la gewalt kantiana pierde toda su fuerza y tanto los autores como los lectores ganan por la mano a posibles censores una y otra vez. Libertad del lector frente al texto, literatura concebida como libertad individual, como ejercicio solitario, como onanismo intelectual, como solar y placer inteligente, como diversión o como fuente de información, conocimiento y hasta difusión ideológica de todo tipo y además la más barata. La otra característica, inevitable consecuencia de la libertad, es la variedad, así cualquier idea al alcance de cualquier imaginación ya está plasmada en alguna bitácora, las hay llenas de sentimiento y emoción, bitácoras rojas, azules o moradas, modernistas o eclécticas, blogs dedicados a exponer episodios de vidas y muchos otros abarrotados de divagaciones literarias llenas de páginas y páginas que no dicen nada, blogs de ideas, optimistas, repletos de maldiciones o bañados en lagrimas, ávidos de esperanza o deprimentes que rozan el ridículo, en forma de guías, formularios, recetarios, manuales técnicos y hasta diccionarios. Por haber, hay hasta las que desarrollan historias inventadas para el siempre mefistofélico método de planteamiento-nudo-desenlace. Pero este clima de libertad propicia no sólo esa "variedad", genera también una gran nómina de autores que posibilita romper esa concepción elitista, tan extendida, de que "publicar" esta sólo al alcance de unos pocos. Con los weblogs cualquiera, con un mínimo esfuerzo y la más absoluta penuria de medios, ya puede hacerlo. Además no debemos olvidar que esta gran producción de historias quizá no rompa con los moldes establecidos, pero sí abre un proceso de diversificación sin precedentes. El intercambio con autores que escriben en español al otro lado del océano es algo que aún no se valora lo suficiente pero que a buen seguro va a tener una gran repercusión en la evolución de la lengua. Eso sin contar con el hecho histórico de la más que amplia pluralidad ideológica que coexiste con una tolerancia mutua notable, algo que no es precisamente un hecho que se haya producido mucho a lo largo de la historia. Autores que invierten su tiempo en escribir sin resultados, como los grandes maestros del xix, Valera confesaba que ninguna de sus obras le había producido dinero suficiente para comprarle un vestido a su mujer, la condesa de Pardo Bazán se conformaba con sacar de los suyos para alfileres y clarín decía que si no comía de sus escritos, al menos sacaba para cenar, autores de blogs que no deberían nunca olvidar que la gloria, especialmente la literaria, es efímera, y que salvo casos excepcionales no sobrevive más allá de un cuarto de hora. Imprescindibles o prescindibles, cabezas de serie, epígonos o segundones, doctos o ínfimos, los autores son hijos de su época y, por definición, condenados de antemano al olvido; rescatables únicamente por imposición docente o por pura erudición, algo que, por supuesto no es el caso. Es el gran inconveniente de los blogs, su atropellada fecha de caducidad, pasa en cualquier tipo de literatura pero adquiere una especial dimensión en las bitácoras ya que sus contenidos suelen reflejar problemáticas, sentimientos o realidades en un tiempo muy puntual. Su obsolescencia es tan rápida que, salvo casos de notable genialidad, apenas logran sobrevivir al día en que fueron escritas. Y por último, nunca hay que hacer caso a los agoreros que proclaman esa aseveración que hacía ladrón de Guevara hablando de las novelas pero que podíamos aplicar a este caso: "salvo un número ínfimo, todos los weblogs son malos, así que, hijo mío, en la duda abstente". A tan "insigne" predicador sólo cabe añadir que, fiel a su propia prédica, seguro que no leyó casi ninguna de las bitácoras de las que opina, aunque solo sea pitagóricamente hablando es imposible en vista del volumen de ellas, pero hablar de oído siempre ha sido más útil y, desde luego, mucho menos fatigoso. Hay un arma infalible para luchar contra eso, que cada uno pueda leer lo que le de la real gana. Y si a borjamari le desespera, peor para borjamari. Lea bitácoras. Salte de una a otra, busque y compare pasando de los interesados dirigismos y de las recomendaciones tuteladas. Entre tantas, a buen seguro que encontrará algo interesante. Atrévase. Merece la pena. Irreflexiones: Boboblogs Yo te enlazo, tu me enlazas, el me enlaza. Y de ahí no salimos. Somos pequeñas esferas dentro de la blogocosa. Como canicas dentro de un gran balón llamado blogosfera. Pequeñas comunidades de egocentrismo dentro de esta especie de telaraña que es la red. Pequeñas “familias” electrónicas. Clanes, tribus, manadas... Llámalo como quieras. Formamos comunidades. Pequeñas islas donde nos sentimos a gusto. Yo te leo a ti, tu me lees a mi, nosotros leemos a el y el nos lee a nosotros. Adoptamos roles que no tenemos en el mundo real. Nos reímos de nuestros propios chistes, fingimos que nos afectan nuestras pequeñas desgracias. Pequeños círculos viciosos donde todos retroalimentamos nuestros magníficos egos. Escribimos para demostrar a alguien, aunque sea a uno mismo, que somos diferentes. Que no nos hemos dejado aborregar por las modas. Intentamos demostrar que somos unos inconformistas, que somos diferentes al resto de gente, que tenemos cerebro y lo usamos. Pero hemos caído en nuestra propia trampa. Al hacerlo, nos damos cuenta que no somos diferentes al resto de los humanos. No somos más listos. No tenemos más cultura. No tenemos mejor gusto. No somos más guapos. No meamos más lejos. No somos nadie. Escribimos nuestras tonterías pensando que podemos influir a alguien, pero no es así. Con un poco de suerte, lo único que dejaremos, serán nuestros genes a la siguiente generación. Y ruido, mucho ruido. Por suerte, siempre hay alguna que otra excepción. Irreflexion gracias a Jota en sus cotidianos absurdos. 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