rocko weblog |
![]() |
||||
|
Enlaces Patrocinados Suscríbete
|
Ocurrió hace unos días atrás, los encargados de expandir la noticia algún medio amarillista y de crónica roja. La tragedia de la joven pareja de enamorados en Perú, un amor incomprendido por las familias y que los llevo a buscar el camino oscuro de la muerte, fácilmente hace nos hace recordar a la tragedia de Romeo y Julieta. El veneno ingerido por los jóvenes recorrió por las venas corroyendo todo lo que tocaba hasta llegar a ese corazón que todos dicen que es donde se guardan todos esos descabellados sentimientos. El corazón dejo de latir y quizás consiguieron la paz que necesitaban más allá… “El amor es una maldición”, me lo dijo un amigo de esos que prefiere ser feliz con una mujer diferente cada fin de semana y que se burla del noviazgo, el matrimonio y la fidelidad. La frase lleva taladrándome la cabeza todos estos días -como no creerle- parece que tiene razón, no hay semana que algún “gil se muera de amor” ya sea correspondido o no o caso contrario haga cosas increíbles en nombre del amor. Uno siempre cree estar enamorado de su pareja –o siempre creo estarlo- hasta que se termina, llega el tiempo de la meditación de saber que hiciste o que hicieron mal y con ese tiempo llega ese nomeimportismo que es frecuente en mi, hasta que llega alguien… y descubres que los sentimientos anteriores no eran de amor y que lo que vives ahora si lo es… hasta que termina. Eso pasa conmigo, ¿pero porque hay personas que morirían por ellas?, ese debe ser el amor verdadero… entregar el alma al diablo por ella o ser capaz de matar o morir por ella. Ese debe ser el amor verdadero de pareja, no hay cánones dependes de tu corazón y de tu atrofiado cerebro por saber si es ella a la que amas en verdad y no a las anteriores. De seguro cuando llegue no me haré preguntas tan ridículas y seré parte de ese grupo de giles que morirían por amor y que en esa maldición que se trago hombres mujeres, gorilas, héroes y villanos, me tragara también a mi y cargare con esa maldición con el mayor de los placeres. SOLO LOS GILES MUEREN DE AMOR No flaco, hoy se mueren de amor sólo los giles, y vos lo eras. La esperabas a la salida del trabajo sin hacerte notar, porque muy gentilmente ella te había dicho que te fueras a la mierda. Ponías pétalos de flores en el zaguán de su casa, para que sin darse cuenta, al regresar, ella los pisara. Ibas a los cafés donde ella iba, y fingías que era casualidad encontrarla, y ni atinabas a dirigirle la pala-bra. Ella te miraba con simpatía, es cierto, pero la simpatía que se tiene por el perro del vecino, pero vos, infeliz, interpretabas cada mirada, cada sonrisa. Hasta que un mal día se te ocurrió contárselo. Y cuando ella estaba por gritar pidiendo ayuda, por esas intuiciones que tienen los pobres bichos como vos, agregaste: "El amor es sublime, yo no le pido nada, sólo que sepa que la he amado como nunca amé a nadie. Que la sueño. Que duermo con usted casto como un niño. Que nunca pude hacerme una paja pensando en usted, y yo Mariana, he pasado siglos haciéndome la paja. Pero usted era demasiado pura para pensarla debajo o encima mío. No había lugar para su cuerpo sino en otro terreno. No en mi cama. Cuando pienso en usted la siento dentro de mí, tocándome yo la toco. Yo no soy yo, no existo más, todo está invadido por su figura. Usted es el aire, el corte del tiempo, la respiración. Soy un loco Mariana." Flaco, ella se alzó de la mesa, te largó un bofetón que resonó en Canadá, llamó a un grupo de amigos de la mesa cercana que se encargaron de llevarte afuera del bar y uno de ellos, alto un metro noventa y cinco, el nuevo novio de tu Mariana, te curtió el lomo a patadas. Pero no. No quiso verte más, ni oírte. Te dijo que le dabas asco. Y aquí te derrumbaste, porque no podías darle asco. Porque hubieras aceptado la derrota de tu amor si ella lo hubiera transformado en amistad. Dejaste de comer, de trabajar. Te volvió la gastritis, la úlcera, otra operación. No querías más vivir. Te aferrabas a esa boluda como un náufrago a una balsa. Ella lo supo y por compasión te vino a ver. Pero vos te diste cuenta que era solo piedad lo que la movía. Te sentiste mejor, te dieron de alta, y apenas fuera del hospital te compraste la cuerda y dejaste una notita, insulsa, romántica: "No se culpe a nadie, pero había una música, un canto, y yo no lograba escucharlo… yo no me he muerto. Sólo he viajado a escuchar ese canto más de cerca. Es que, disculpen todos, siempre fui un desorejado.” Parte del monologo “solo los giles mueren de amor” escrito por Cesar Brie. Además: "Solo los giles mueren de amor" versión pdf. Comentarios » Ir a formulario Fecha: 09/01/2006 15:17. Fecha: 06/11/2010 20:59. Fecha: 08/11/2010 06:12. |
Blog creado con Blogia.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras