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Arte Caníbal

Arte Caníbal

"Un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o en un ragout".
Jonathan Swift

Esta inquietante pintura es una de las catorce que se conocen con el nombre de "pinturas negras", con las que Goya decoró el comedor y el salón de una casa, la llamada "Quinta del Sordo". Esta pintura, que de sólo mirarla provoca un vértigo de aversión, se trata de un tema mitológico -sobre el dios Saturno o Crono-, representación alegórica del tiempo.

Saturno devorando a un hijo, llegó a ser una de las pinturas más inquietantes de principios del siglo XIX, pues explaya, con maestría y sentido dramático, el tema alegórico del tiempo representado por el dios mitológico Cronos -identificado por los romanos con Saturno-, quien, temeroso de ser destronado por sus descendientes, como el había hecho con su padre Urano, devoraba a los hijos que daba a luz su esposa Era.

En la pintura se muestra a un Saturno de contornos difusos y desproporcionados, con unos ojos forzadamente abiertos y llenos de locura, con una desaliñada melena grisácea que le cae por los hombros, con la espalda encorvada por el peso de su vejez, y con una enorme boca abierta de la que cuelga el brazo de un cuerpo mutilado y bañado en sangre.

Una de las referencias literarias más conocidas en relación al canibalismo es el manifiesto irónico de Jonathan Swift, titulado como Una modesta proposición en el cual de forma irónica denunciaba la existencia de niños mendigando por las calles de Dublín, y como solución a los niños que no pueden ser mantenidos por sus padres, Swift proponía criarlos hasta la edad de un año, que es la edad en la que el bebé sólo necesita alimentarse de leche materna, para después ser vendidos como alimento, puesto que "un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o en un ragout". Pudiendo el gobierno entonces despreocuparse de los niños pobres irlandeses.

Pero en la "actualidad" me encuentro con una noticia que va creando polémica hace un par de años atrás. Zhu Yu, de 32 años, es un artista chino cuya provocadora obra consiste en comer niños muertos.

Me encuentro con semejante noticia hace un par de días, la noticia se la difundió en 2003, donde un programa británico emitía un documental –que aun circula por Internet- en el que aparecía Zhu practicando el canibalismo infantil mordiendo diversas partes de un feto humano. El artista chino aseguraba que robó los cadáveres de una escuela de medicina y que vomitó tras ingerir la carne. Su móvil: «Lo hice por amor al arte».

Tal controversia nos recuerda otra vez, la dificultad de decidir si el arte tiene límites y si los tiene ¿cuáles son?. Esta nueva tendencia en el arte chino corresponde al llamado "shock art" (arte extremo). Sus creadores surgidos bajo la censura del régimen comunista chino, ofrecen un arte impactante cuyo lema es hacer un arte que carezca de cualquier tipo de límites.

Podríamos decir que actualmente el canibalismo está erradicado de todo el mundo. Únicamente se dan brotes en el caso puntual de los psicópatas asesinos, que de tanto en tanto atacan con saña nuestra moralidad, agazapados desde las páginas de sucesos. Asesinos caníbales, atraídos hacia la feroz práctica de algunas culturas primitivas, o como decía Freud, ejercida por nuestros más lejanos ancestros en la época de la horda primitiva. Los ejes en los que rota esa perversa atracción son las relaciones de poder, la consumación de la muerte, y la perduración de ésta en la vida del temerario engullidor.

La alta carga ritual del canibalismo aún perdura en nuestros subconscientes, desde siempre, y es por eso que cualquier manifestación artística que incluya esta práctica, provoca una mezcla de repulsivo rechazo y atrayente morbosidad.

Lo mismo que sucede al ver al “Saturno devorando a su hijo” de Goya o al oír el manifiesto irónico de Jonathan Swift que son ahora consideradas como algunas de sus obras más bellas y majestuosas, habría que preguntarse si no sucederá lo mismo dentro de unas décadas con las fotografías extremas del artista Zhu Yu.

La cuestión es que desde la entrada del controvertido arte conceptual en el mundo artístico moderno, el objeto ha perdido la hegemonía del arte, cediendo parte de su espacio a otras modalidades artísticas donde prima la intención del artista, y la experiencia particular que ésta crea ante el público. Zhu Yu buscaba conmover con su arte sensacionalista al mundo occidental, y lo consiguió. Y no deja de ser éste más que otro síntoma de la corriente artística moderna, donde proliferan la creación de nuevos museos de arte contemporáneo, y saltan a la palestra los artistas que ofrecen las propuestas más impactantes o sensacionalistas.

Evitando caer en rápidas censuras, habría que preguntarse si Zhu Yu no traspasó la línea de lo que puede considerarse como arte. Preguntado por su obra el artista caníbal respondía: "No hay ninguna religión que prohíba el canibalismo. Tampoco hay ninguna ley que nos impida comer gente. Yo he aprovechado este espacio entre la moralidad y la ley" o "Lo hice por amor al arte", que recuerdan aquellas otras que se popularizaron después de que Truman Capote publicara In Cold Blood (A Sangre fría) que decían: "Todo asesinato es una obra de arte a la que sólo le falta el escritor". Sin embargo, la diferencia es que aunque no lo crea Zhu Yu, si que está vulnerando lo que marcan la mayoría de las legislaciones penales, pues únicamente habría vacío legal si la víctima hubiera dado su consentimiento para ser parte del festín -que no es el caso-, ¡Y que decir de la condena enérgica que muestran la mayoría de las religiones frente a tal acto brutal! A veces se alega que la eucaristía cristiana es un mero acto caníbal, pero eso significa simplificar demasiado y despojar totalmente a Jesús de su naturaleza divina, pues cuando éste hablaba del pan de la vida como su carne, y del vino como su sangre, lo que estaba era reafirmando su naturaleza divina y el alimento que significa la fe en el creyente.

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4 comentarios

pia borquez -

Hola que buen articulo sobre el canibalismo y el arte , no pude ver la fotografía mas de un segundo eso si , aun siento una angustia terrible después de ver este hombre comerse un feto ... bueno yo no se si sea arte o no. De todas maneras gracias por escribir este interesantísimo articulo.

GUAGUAU -

HOLA DE VISITA MUY BUENA GRAFICAs

soñadora insomne -

Ahhh. En cuanto al ensayo de Swift, tenía una clara intención que no necesariamente debe asociarse con artístico. Pero en su caso, el ensayo está escrito con maestría y es realmente gratificante leerlo.

soñadora insomne -

Yo tuve la oportunidad tanto de leer el ensayo de Swift como de ver varias fotos de Zhu Yu devorando fetos humanos. No lo podía creer, pensé que eran trucos de cámara, pero si tú me dices que es cierto...
En cuanto al ensayo de Swift, era una ironía para demostrar la pobreza existente en el Dublín de aquellas épocas y llamar la atención de la sociedad de forma inusual.
Lo que hace el tal Zhu Yu, no lo considero arte. Sólo falta que le llamemos arte a las formas del excremento cuando sale de nosotros o a la forma en que podemos moldear el moco que nos sacamos de la naríz.
Perdona mi grosería, pero debo llegar a esos extremos para señalar que yo no considero las actividades de Zhu Yu como arte. Y me dirán ¿quién puede definir qué es artístico y qué no lo es?
La obra de Goya es estéticamente hermosa, pero ver un individuo comiendo fetos o ver a un caballo defecando no es algo armonioso ni gratificante. Es simplemente morbosidad y enfermedad mental.
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