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El escritor que olvidó cómo leer

Un día como cualquier otro, Howard Engel (un escritor canadiense de novelas) despertó ávido de leer las noticias del periódico matutino que le dejaban en la puerta todos los días. Aquello se había hecho ya un habito, pero curiosamente aquella mañana, como cualquier otra, se dio cuenta que le habían hecho una broma de mal gusto llenando las paginas de signos ininteligibles y letras en otras lenguas. Al saberse engañado, Howard corrió a su biblioteca y sacó un libro que sabía que estaba en inglés, y se dio cuenta con horror que también estaba escrito con los mismos garabatos.

Engel había sufrido un derrame cerebral que había afectado a la parte de su cerebro que usaba para leer. Sufría de lo que el neurocientífico francés Stanislas Dehaene llama “ceguera de palabras”. Los ojos de Engel funcionaban bien, podía distinguir la forma de las cosas, pero simplemente no podía discernir las letras. El giro dramático estaba dado, el escritor que vivía de las letras se había olvidado de leer y según el mismo eso había sido todo.

“Estoy acabado como escritor. He terminado” había dicho y aunque todo parecía irreversible, Engel descubrió que, si seguía el trazo de una letra con el dedo, si simulaba los movimientos que hacía al escribir, de a poco volvía a ver las palabras y las comprendía. Oliver Sacks, también un neurocientífico, explica que, como su corteza visual estaba rota, Engel tuvo que volver a aprender a leer con la parte motora de su cerebro.

Empezó siguiendo las letras con los dedos, pero luego se le hizo más sencillo directamente dibujar las letras en el aire. Al final encontró un método más discreto: también le servía dibujar las letras en su paladar, con la lengua.

Con los años, Engel aprendió a leer con su lengua. Ha llegado al punto en que casi puede leer los subtítulos de una película. Dice que puede llegar hasta la mitad antes de que desaparezcan de la pantalla.

Oliver Sacks narra la historia de Engel en su libro, El ojo de la mente. Cuenta que Engel volvió a escribir y que sigue viviendo de su trabajo. “Encontró la forma de seguir siendo un hombre de las letras”, dice Sacks. “Que haya podido hacerlo muestra varias cosas importantes: la dedicación de sus terapeutas, su propia voluntad de volver a leer, y la adaptabilidad del cerebro humano.”

Su voz (en inglés) cuenta esta historia en el video animado de más abajo “The Man Who Forgot How to Read”, que se halla en la página de La National Public Radio (NPR). Engel jamás recuperó su capacidad de leer, y tuvo que reentrenar su cerebro para lograr descifrar párrafos y páginas con una paciencia infinita. Sin embargo, y por esos misterios de nuestras neuronas, su habilidad para escribir permaneció intacta. Continuó publicando libros como si nada.

Lea tambien: The Man Who Forgot How to Read.

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