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Bolivia, Chile y el Mar... a finales del 2004

Albert Camus en su obra "El Mito de Sísifo" nos reveló que no hay mayor castigo que el trabajo sin esperanzas. Sorprende lo acontecido en Santiago, la capital chilena, del 21 al 28 de octubre de este año, porque la prensa de mayor influencia, "El Mercurio" y "La Tercera", dedicó más de diez páginas, primeras planas e interiores, paneles televisivos, encuestas por radio y TV, al tema de la demanda marítima boliviana, destacando declaraciones del presidente Carlos Mesa hechas en La Paz a periodistas chilenos, con motivo del centenario del Tratado de 1904, cumplido el 20 de octubre, oportunidad en la que calificó a su homólogo chileno como "temperamental y hormonal".
Parece que esta vez el trabajo de la diplomacia boliviana, desde Monterrey en enero de este año, logró un giro trascendental, cuando nuestro mandatario insertó audazmente el tema marítimo en esa agenda, que no la contemplaba, originando tres vitales como sísmicas repercusiones: 1) La airada respuesta de Ricardo Lagos reveló que el tema del mar boliviano, para Chile sí existe y que no está totalmente "sellado" en el débil marco literal de su contexto opresor. 2) Que para Bolivia y Chile el tema es candente. 3) Que en México al haber hecho migrar el reclamo de nuestro encierro, de la bilateralidad al que estaba recluido tozudamente, al pluralismo internacional, amarró con intangibles hilos este clamor a la comunidad mundial. Desde entonces el mito de nuestra mediterranedidad empezó a ser un trabajo con esperanzas, aunque aún exhibe la mezquindad de una utopía.
En noviembre de 2004, las reuniones de los cancilleres Siles y Walker en la Cumbre de Río, despertó gran expectativa para que un encuentro entre los presidentes de ambos países se efectuara, pero se desvaneció. Finalmente la última oportunidad fue la XIV Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno, en San José de Costa Rica, a la que asistió el presidente Mesa pero su homólógo de Chile no, por tener que atender la reunión de la APEC en Santiago, con asistencia de jefes de Estado como Busch y Putin entre muchos. El tema marítimo estuvo de nuevo ausente.
Para una apertura al tema hay sucesos favorables; revisemos algunos: el Ministro del interior chileno, Miguel Insulza, recientemente anunció "que su país se inclina por otorgar a Bolivia un "acceso pleno" al mar", condicionándolo a una razón "plebiscitaria" de Chile y Bolivia. También el actual Canciller Walker, en una conferencia a 500 universitarios, aseguró que la relación con Bolivia "va de menos a más".
Sin embargo nuestra posición debe ir más lejos que los logros anteriores: en 1950, oferta de acceso propio y soberano (A Ostria G. y H. Walker L.); en 1975, obligación de resolver tema marítimo (Banzer-Pinochet en Charaña); en 1987, "enfoque fresco", acuerdo para salida al mar abortada por el Almirante. J. Toribio Merino. Y los canjes territoriales rechazados irreversiblemente por Bolivia. Quizá se debe lograr una negociación trilateral con Perú. O como esperaba el presidente Mesa, usar el gas como instrumento estratégico de negociación. Quizá la oferta de Chile en tres oportunidades, de "conceder a Bolivia un corredor con soberanía" encuentre una cuarta definitiva. La lectura entre líneas de estos sucesos nos alienta a pensar que lejos de distanciarse las posiciones de ambos países, recién empiezan a acercarse.
Las declaraciones desafiantes de ambos países durante este año: "Ni una molécula de gas para Chile" (Presidente Mesa) y "Ni una gota de mar para Bolivia" (Levin, Alcalde de Santiago y candidato presidencial), no nos obligaron a un apronte insalvable, más bien el tema del mar se hizo más flexible y las voces abiertas a una solución empiezan a dejarse oír, donde antes mutismo y rechazo eran llave y candado del asunto.
Cuando un asunto como "el mar" deja de ser estatal y salta al interés de la sociedad, adquiere la majestad y soberanía de un tema histórico, e invierte la corriente de su poder y facultades, desde la sociedad hacia el Estado, esto podría ocurrir si es que no empezó ya, entre Chile y Bolivia y por la gracia del tercer milenio, ojalá una luz al final del túnel.

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